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30 años desde el corazón de un poblado gitano que late por su desmantelamiento

Más de 200 personas residen actualmente en el asentamiento gitano levantado a unos metros de la margen del Sil. El patriarca del poblado abre las puertas a Infobierzo para reivindicar “integración”. Y es que “30 años no es nada…. O lo son todo, hasta una vida. Queremos salir de este lugar; aquí tenemos hijos y nietos”.

  Miércoles, 29 de junio de 2016

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El patriarca del poblado, Manuel Jiménez. (FOTOS: Dani Quiterio).

“30 años no es nada…”. O lo son todo, hasta una vida. “Aquí siempre tenemos la misma rutina. Levantarse día a día con el anhelo de poder salir de este lugar apartado y empezar de nuevo. Mi destino ya no tiene muchas metas, soy consciente, pero el de mis hijos y el de mis nietos sí”.  

Ya han pasado tres décadas del nacimiento del poblado gitano en Ponferrada, primero levantado en la margen del Sil, aguas arriba del puente de Los Faraones, y ahora, diez años después, reubicado unos metros más alejado del río a causa del peligro que suponía para sus habitantes las posibles inundaciones que provocaban las crecidas  durante los inviernos más duros.

“Quizás el diciembre de mayor fatiga fue el del año 2000″, confiesa el patriarca del poblado romaní. Con una actitud reposada y fijando la mirada en un punto infinito para recuperar por unos instantes aquellos momentos, Manuel Jimenez Bermúdez narra como el agua del río “llegó a cruzar el umbral de muchas puertas”.  “Las noches eran eternas, sobre todo, para los padres, que temían que su casa se viniese abajo y sus pequeños sufrieran cualquier daño”.  “Pero después de mucho pelear las cosas han cambiado un poco”, añade. “Las viviendas ya no son de chapa y de maderos, sino que ahora las paredes son más seguras y la mayoría de los hogares están construidos con hormigón y pladur”. “En ese aspecto no nos podemos quejar”, pero sí que es cierto que los problemas de humedad y frío siguen siendo un handicap para muchos de los gitanos asentados en la zona.

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La mayoría de las viviendas son de hormigón y pladur, aunque cuentan con problemas de humedad y de aislamiento.

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Algunos de los habitantes del poblado.

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Evitan el calor y el frío con telas o persianas a falta de contar con un buen aislamiento en puertas y ventanas.

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Acceder al poblado es bastante complicado debido a la falta de alumbrado.

35 casas para más de 200 personas

En la actualidad, el poblado cuenta con más de 200 habitantes divididos en unas 35 casas. Manuel es de los pocos privilegiados, si se les puede considerar así, que vive sólo con su mujer y otro matrimonio más, el formado por su hijo y su nuera. “En la mayoría de las residencias conviven entre cinco y siete personas”, en muchos casos con lazos de sangre, pero en otros, por la necesidad económica, se han convertido en una familia a la fuerza.

Recorriendo este barrio apartado de la ciudad, las diversas y duras historias que se escuchan no dejan a uno indiferente. Sin embargo, el clamor “de salir de aquí” es unánime en boca de todos los habitantes, sean de la edad que sean. Los ingresos que perciben de su trabajo con los mercadillos ambulantes o con la chatarra “a veces no supera los 20 euros diarios”. También los hay que, debido a una enfermedad o por estar ya jubilados disponen de una pequeña pensión no contributiva o renta subsidiaria “con la que intentamos sacar a nuestros hijos y nietos adelante”.

“Nadie reniega de sus orígenes, ni mucho menos de nuestros descendientes, está claro, pero estamos hartos de estar apartados del mundo, separados de la sociedad, por ser de otra raza”. Mª Ángeles, de 52 años, reconoce que cada vez tiene menos fuerza “para seguir reivindicando una vivienda digna y que no sea tan primitiva”. Hace años que esta mujer, que padece un tumor medular, espera la respuesta de la Administración sobre su petición de conseguir una casa de protección oficial. “He vivido aquí casi toda mi vida. En este poblado he tenido a mis hijos y no quiero que ellos lleguen a mi edad estando en la misma circunstancia que yo”.

A la espera de un trasplante, el tercero ya, Mª Ángeles denuncia la situación de insalubridad y hacinamiento que existe en el poblado. Los camiones de la basura pasan dos veces a la semana y apenas cuentan con cubos para poder echar los escombros. “El espacio cada vez es más reducido y la acumulación de maleza y trastos nos empieza a inundar, por no hablar de los problemas de alumbrado”, añade. Para los más veteranos del barrio, que padecen diversas dolencias, la humedad y el frío que sufren en invierno por el mal aislamiento de las casas y la proximidad del río no hace más que empeorar su estado de salud.

En este sentido, el patriarca del poblado echa de menos una ayuda pública para poder “integrarnos en la sociedad”, porque asegura que el estereotipo de gitano que sólo quiere vivir con gitanos “es agua pasada”. Manuel reconoce que lo que más miedo le da “es que las próximas generaciones sigan aisladas sin posibilidad de forjarse un futuro mejor”. De los seis hijos que tiene, solo uno vive fuera de este asentamiento.

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La acumulación de residuos pone en peligro la salubridad de los residentes.

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Todos los gitanos reivindican la necesidad de salir del poblado y de contar con una vivienda digna.

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En la senda de la integración

En este camino, una de las noticias que el pueblo romaní en Ponferrada ha acogido con mayor agrado es la decisión de la Consejería de Educación de no cerrar el colegio La Puebla tras encontrar una solución para evitar la grave situación de güeto que se vive en el centro. La aplicación de un Plan de Dinamización e Intervención en colaboración con la comunidad educativa, en el que se impulse la política para que haya más matriculaciones, supone para ellos “una posibilidad de que nuestros hijos puedan integrarse y ver más allá de este poblado”.

Susana, de apenas 20 años y con un hijo de 18 meses, confiesa que no le gustaría que su pequeño “solo estudiase con gitanos, porque el origen de una persona no tiene que ser una etiqueta”. Debido a la difícil situación que atraviesa, pues está separada tras ser víctima de malos tratos, la joven sueña con poder encontrar un trabajo que le permita salir del poblado lo antes posible. Hasta ahora lo único con lo que ha contado es con la ayuda que le han ofrecido sus familiares y vecinos.

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Los más pequeños palían el calor con una pequeña piscina que comparten todos.

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Las bases de una nueva Asociación Gitana

De manera paralela y debido a varios desencuentros en el seno de la Asociación Cultural Gitana Bierzo, Manuel Jiménez y el patriarca de Ponferrada, Julio Jiménez, han puesto en marcha una nueva organización para la defensa del colectivo denominada Calos-Lachos (gitanos buenos), en colaboración con otros integrantes del primer grupo.

Casi medio año después de que la nueva asociación haya sido incluida en el registro, Calos-Lachos ya está trabajando para poder sacar adelante diversas iniciativas enfocadas “a dar solución a los problemas de aquellos gitanos que están pasando por muy malos momentos debido al azote de la crisis económica”. Manuel pone de manifiesto que hay casos en los que “muchas personas no tienen nada que echarse a la boca” y apenas cuentan con un techo sobre el que cobijarse. “Conseguir ayudas públicas, solicitar vías de asesoramiento e información para saber a qué puerta debemos llamar o seguir luchando por viviendas dignas serán nuestros principales objetivos”, así como la organización de otro tipo de actividades que puedan servir para la integración de pequeños y mayores. En el caso de los niños, “queremos prestar especial atención a la escolarización de los menores y evitar el absentismo, así como conocer de cerca el procedimiento que se llevará en el colegio La Puebla”.

A sus 62 años, Manuel no ha perdido la esperanza de que en un futuro el poblado gitano de Ponferrada sea una mera historia que contar a las próximas generaciones y que las más de 200 personas que allí residen puedan escribir un final de cuento mucho mejor. Como marido de una gran coleccionista de porcelanas que cuida con mimo decenas de recuerdos que representan cada uno de los momentos de la vida de su familia, el patriarca sigue imaginando cuál será la figura que simbolizará “el cambio con el que tanto soñamos”.

FOTOS: Dani Quiterio

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Vistas del poblado desde el puente del centenario.

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