

Uno de los momentos de la discusión tuvo que ver con la intervención del edil Santiago Macías en relación con la adenda al protocolo entre Ciuden y Ayuntamiento: “Miedo me da lo que dejaron firmado, ustedes también negociaban a la baja. Son pirómanos que están opositando a bomberos”.
Luego los representantes políticos se fueron 'calentando' y Riesco le respondió con calificativos comon “ordinario” dirigidos al alcalde, Samuel Folgueral, a quien recriminó que "no está a la altura del sillón".
Folgueral pidió a la secretaria que esos calificativos no constaran en el acta a lo que el portavoz de la oposición apostilló que “sí, sí, que conste en acta, a ver si va a elegir usted qué palabras mías deben constar o no en acta, que está usted muy soberbio y muy subido últimamente”.
También respondió a Macías que “cuando usted se pone nervioso, hace intervenciones que no tienen ningún sentido, y a su estilo ruin y amenzante, mire, yo qué quiere que le diga, ni le voy a contestar porque es su estilo, muy conocido por cierto en Ponferrada”.
Folgueral también criticó a Riesco y su anterior equipo respecto a la pasividad que habían demostrado en su gestión con los TUP y el déficit que atajaron. “Se la bufaba, por eso no racionalizaron el servicio”.
Riesco, claro, esta vez respondió con un "qué feo".
Y es que Folgueral manifestó no entender las críticas y la exigencia del PP para que racionalizasen dicho servicio. “Y por qué no lo intentaron racionalizar si, como usted dice, ya asumían después del 2007 que empezaba un proceso de crisis económica, sinceramente porque se la bufaba”, afirmó el alcalde ponferradino, que no permitió una nueva intervención del portavoz popular en ese punto.
Un hecho que provocó que Riesco volviera al mismo tema en el siguiente asunto para reprocharle ese gesto a Folgueral, del que criticó su “soberbia” y “prepotencia”. “Es un gesto que demuestra su soberbia, su falta de educación , su falta de respeto a la oposición y su ordinariez”, señaló el exalcalde popular, que le pidió que tratara de ponerse “a la altura del sillón que ocupa, que no lo está”.
Al final todo constó en acta... y nada aportó a la ciudad.