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La penitencia del alfil de Rafa Melero


Viene del mismo comienzo de la tradición de la novela negra –Sherlock y Watson con su victorianísima tensión sexual no resuelta; el nihilista y gourmet Pepe Carvalho junto a su amigo Biscuter, etc- el recurso de la pareja literaria que desarrolla a dúo la trama a la vez que nos hipnotiza mediante el contrapunto, pero ciertamente ese recurso cervantino procede en realidad del Quijote –sí, han leído bien- con sus dos personajes que quieren ser y son dos formas necesariamente distintas de mirar el mundo…

En la última novela de Rafa Melero la pareja literaria protagonista tiene, en cierto sentido, tanto de la tradición cervantina como de la de la novela negra clásica pues se trata sobre todo de dos personajes que no sólo ayudan a que avance la trama sino que además miran la trama, el caso, el ajedrez moral en juego, de forma unísona y distinta: son dos formas de mirar el mal.

De hecho Xavi Masip, un joven sargento de los Mossos d´Esquadra en excedencia voluntaria pero que aún no ha perdido la ingenuidad moral, alguien de mente aseada y metódica a quien el mal todavía le sorprende, es la inopinada mitad del héroe de la novela de Rafa Melero LA PENITENCIA DEL ALFIL (Ed. Alrevés), pues todo trata de cómo este sargento es reclamado por un inspector retirado del cuerpo nacional de policía llamado Alejandro Arralongo; ser atormentado por la impotencia de los recuerdos amargos y los silenciados fracasos; un alfil del bien, que en realidad vive su retiro como una penitencia dolorosa a causa de un viejo caso que es como una herida mal cerrada…

¿Cuál es ese viejo caso que hace que contacte con Xavi Masip?

Se trata de un psicópata casi larval que actúa cada diez años, y que empezó sus andanzas en 1993, y que ahora –año 2013 en el que se sitúa la acción- está supuestamente a punto de repetir el procedimiento criminal que añadirá a su maléfico curriculum tres víctimas más.

Pero en esta trama principal se entrecruzarán no pocas secundarias.

A partir de ahí se suceden en efecto las muertes, y las sorpresas conseguidas a base de dosificación de la información y de requiebros argumentales y de idas y venidas de localización espacial –Madrid, Barcelona- y temporal –hace diez años, ahora-, y los diálogos repletos de naturalidad y buen oído, y las colisiones entre los dos cuerpos de seguridad (autonómico y nacional… ¿metáfora del presente político?) a pesar de que el mal no atiende a organigramas y reglas y, desde luego, es transnacional, y se contraponen y complementan a su vez las dos visiones del mal… Todo en una trama fílmica pero no previsible construida con habilidoso uso compositivo del fragmentarismo estructural, unido a su vez a la precisión de relojero de los capítulos cortos, y a la efectividad de la prosa del autor, y a un impecable sentido del ritmo…

Sin embargo más allá de lo epidérmico destaca sobremanera el psicologismo sutil del autor a la hora de conocer y dar a conocer, mediante la prosa introspectiva y el desplegado fluir de la conciencia, como se construye y contrarresta una mente psicopática… De hecho uno va leyendo atrapado y embebido y asaltado por no pocas sensaciones perturbadoras esta novela excelentemente documentada y con formato de thriler fílmico, el cual se va transformando mediante sus personajes en bisección cervantina del mundo de modo tal que, pasado el segundo tercio, nos sorprende ya por completo con las indagaciones psicológicas dostoyevskianas de altura referidas principalmente a la venganza y la culpa y sus interacciones tóxicas en el psiquismo desgobernado… Para deleite del lector de paladar entrenado a la capacidad de conmoción el autor une la capacidad de iluminación hasta ese infierno placentero que es el catárquico final de esta a mi juicio muy meritoria novela.


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