Cómo elegir la mejor cama articulada geriátrica

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Según señalan los expertos, cada persona pasa aproximadamente un tercio de su vida durmiendo. Es fundamental conseguir que ese periodo de descanso sea pleno y de calidad, si no se quieren padecer efectos altamente nocivos para la salud.

Por ese motivo, la elección de los elementos del dormitorio va más allá de la estética y los gustos personales, especialmente cuando se trata de las camas. La importancia de acertar con la compra de la cama se acentúa aún más cuando se habla de personas con enfermedades crónicas o de edad avanzada.

Con el envejecimiento de la población es cada vez más frecuente que las familias deban hacerse cargo de sus mayores, que muchas veces tienen que pasar mucho tiempo en la cama. En estos casos es imprescindible contar con un equipo que les ofrezca la máxima comodidad posible y que, al mismo tiempo, facilite a los cuidadores sus tareas.

La mejor opción en estos casos son las camas geriátricas o articuladas. Su finalidad es ofrecer el mayor bienestar posible a las personas mayores cuya movilidad esté restringida por cualquier motivo.

 

Camas geriátricas

Hasta hace unos años, poder contar con el equipo necesario para cuidar a una persona enferma o que necesitaba pasar mucho tiempo en la cama solo estaba al alcance de unos pocos, ya que los precios eran muy altos.

Sin embargo, hoy en día es mucho más fácil poder cubrir las necesidades de esas personas que necesitan un cuidado especial en su descanso. Las camas geriátricas, que antes tan solo se veían en hospitales o residencia, están hoy presentes en muchos hogares.

Estas camas están recomendadas para aquellas personas que deben pasar mucho tiempo en cama. Gracias al movimiento de sus planos es mucho más sencillo cambiar de postura, lo que evita la aparición de úlceras por presión o escaras en la piel.

Afortunadamente, la oferta existente en muy amplia. En el mercado se pueden encontrar desde los modelos más simples, con mecanismo manual, hasta los más avanzados con motores eléctricos. En todos los casos, un aspecto a tener muy en cuenta es el peso del usuario, ya que este tipo de camas suelen soportar hasta unos 140 kg.

Las medidas normales de este tipo de camas son de 90×190, aunque se pueden encontrar distintos anchos. En caso de necesitar más capacidad es recomendable recurrir a los modelos XXL, conocidas como camas bariátricas

 

El colchón y el somier

Las camas geriátricas no admiten los clásicos colchones de muelles. En su lugar, se pueden utilizar los de espuma, látex o los denominados colchones terapéuticos, elaborados con poliuterano, viscoelástica o aire. Estos último son ideales si el usuario presenta escaras o hay riesgo de que las padezca.

Ante cualquier duda a la hora de elegir un colchón, la mejor recomendación es consultar con algún profesional. Las tiendas dedicadas a la venta de estos artículos podrán aconsejar el modelo más adecuado para cada necesidad.

Otra de las claves en la elección de una cama articulada es su somier. Cuanto más planos posea, mayor será su adaptabilidad, ya que se incrementan las posiciones en las que se puede colocar. Las más completas tienen 4 y 5 planos, siendo estas últimas las más recomendadas para el hogar.

 

Elevación

Las camas articuladas manuales están dejando su sitio a las que cuentan con un carro elevador eléctrico. Este dispositivo permite adaptar la altura de la cama de manera más segura y cómoda. Es muy fácil, por ejemplo, bajar la altura para que el usuario salga de la cama o aumentarla para las tareas de alimentación e higiene de la persona que la ocupa.

Lo más habitual es que el motor está unido al mando mediante un cable, aunque en los últimos años están proliferando los modelos que incluyen un mando inalámbrico. La principal ventaja es eliminar los problemas de enredos con el cable, además de incrementar la comodidad a la hora de posicionar la cama.

 

Beneficios de una cama articulada

El uso de una cama articulada geriátrica en casa ofrece a las personas que la necesitan grandes beneficios. Al poder regular los diferentes planos, estos equipos permiten que solo sea necesario inclinar la zona superior para comer cómodamente. Por otra parte, elevando la parte inferior se consigue una menor circulación de las piernas y se reduce la presión arterial.

Las posibilidades que ofrece la regulación de la inclinación también van a ayudar a mejorar enormemente la calidad del sueño. Con la espalda ligeramente inclinada, además, se reduce el reflujo gástrico y los ataques de asma.

Estos beneficios no solo afectan a las personas que la utilizan, sino que también redundan en sus cuidadores. Así, los cuidados se pueden aplicar de una manera más sencilla, ya que al regular la altura es más fácil manejar al enfermo para lavarlo, vestirlo o, simplemente, sentarlo.

La salud de los cuidadores es otro aspecto que va a mejorar con el uso de las camas geriátricas. La movilidad de estas evita que tengan que agacharse y adoptar malas posturas, con lo que se evitan, entre otras cosa, lesiones en la espalda.

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