La cuenca minera de Fabero espera con la cicatriz de la Gran Corta abierta

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Este yacimiento minero a cielo, la Gran Corta, cuenta con un plazo de cuatro años y una inversión de 38 millones de euros para su restauración ambiental y reconversión a una alternativa socioeconómica para la cuenca. Correrá a cargo de la empresa pública Tragsa, pero desde su tramitación en enero, nada se sabe ni hay novedades, plazos o comunicación con el Ayuntamiento o Asociación de Municipios Mineros. De ahí la impaciencia por una alternativa que generará empleo entre los antiguos trabajadores mineros, y que se dilata en el tiempo.

Luis Boya
Luis Boya

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Este yacimiento minero a cielo, la Gran Corta, cuenta con un plazo de cuatro años y una inversión de 38 millones de euros para su restauración ambiental y reconversión a una alternativa socioeconómica para la cuenca. Correrá a cargo de la empresa pública Tragsa, pero desde su tramitación en enero, nada se sabe ni hay novedades, plazos o comunicación con el Ayuntamiento o Asociación de Municipios Mineros. De ahí la impaciencia por una alternativa que generará empleo entre los antiguos trabajadores mineros, y que se dilata en el tiempo.

Según el proyecto, la rehabilitación devolverá el esplendor a la mítica Gran Corta de Fabero: una zona botánica de paseo circular con explicaciones de cómo era y funcionaba otrora la mina, vegetación autóctona, pastizales, área de producción de madera y un área recreativa, serán la segunda vida de la Gran Corta de Fabero en el marco de la ansiada Transición Ecológica.

Hay tierras que son desierto, y otras que llevan historias de vidas y de trabajo por muchos años que pasen. Sin embargo, no todas las tierras cuentan con el mismo desenlace en cada una de las historias que brotan entre sus lindes. El Alto Sil, la tierra ‘negra’ que tanto calor dio a España con la antracita, con el carbón, cerró su libro como si fuera un fósil más de tantos.

Entre todas las cuencas mineras, Fabero era una de esas tierras llenas de años de trabajo bajo tierra y profundizando en ella como el caso de la Gran Corta, buscando el ‘oro negro’ y como si las manos de los mineros fueran madres, llevaban el carbón a ver la luz después de miles de años descansando en las profundidades de las montañas. Aquella industria que dio de comer a tantas familias, que vio perder también a familiares, y que creó un enclave de unión entre los habitantes y trabajadores de la cuenca faberense, se apagó. Ahora toca, al menos, restaurar su paisaje previo -que será también fuente de empleo por un tiempo-.

Es una cicatriz que no se trata… y que ennegrece la búsqueda de una alternativa, como una página que no termina de pasarse.

 

 

De esta mirada al pasado, solo quedan montañas de carbón y escombreras como “símbolo de la paralización de las cuencas mineras” siente María Paz Martínez Ramón, alcaldesa de Fabero. Estas toneladas de antracita amontonadas por distintos enclaves mineros  cuentan “como han quedado las cuencas, paralizadas, sin habernos hecho nada”.

 

“Se han dado cuenta un poco tarde”

Cuando la alcaldesa de Fabero decía que “se han dado cuenta un poco tarde” quería afirmar que donde antes había ruido, jolgorio y mucho trabajo… Ahora hay silencio, y nada más que silencio, “es lo que teníamos, carbón”. La cuenca contaba con “una industria que tenía más de 1.000 trabajadores” que no “se puede suplir de la noche a la mañana”. Así, una de las mayores preocupaciones de la alcaldesa del municipio mineros “es que no comience el proyecto de TRACSA para la restauración del cielo abierto, cuando tenemos más de 40 personas que eran excedentes de minería que están esperando una respuesta y no han tenido, y que no tienen”.

 

Y así, el sonido de las cremalleras de las maletas comenzó a sonar paulatinamente, y las gentes tomaron nuevos destinos. “En el 2011 éramos 4.980 personas, perdimos la categoría de municipio de más de 5.000 habitantes y hoy estamos en 4.398, la pérdida es muy importante, al Bierzo se nos trató con poco cariño” lamenta Martínez Ramón.

Por ejemplo, “en La Gran Corta trabajaban más de 500 personas que ahora los tenemos entre Río Tinto, Salamanca, Dubái, Chile…” es decir, girando como peonzas por el mapamundi, sin poder regresar a las profundidades del actual Bien de Interés Cultural de la cuenca minera de Fabero. La consecuencia: “estamos perdiendo gente joven” ya que “antes solo se marchaba el que trabajaba, ahora se va toda la familia entera”.  Así, ahora mismo al equipo de Gobierno del Ayuntamiento de Fabero lo que más les preocupa ahora es “la situación del empleo” ya que “queremos que la gente nuestra vuelva otra vez, ahora se monta una empresa aquí con 10 trabajadores y hacemos la ola”.

 

Un futuro para la Gran Corta como atracción turística

Sin embargo, el amor por la tierra, por las raíces hace que “cuatro del pueblo” busquen iniciativas para volver a regar de vida el silencio. Así, hay proyecto para la Gran Corta: sería una parte de turismo activo para que la gente conozca como se trabajaba el cielo abierto, el paleobotánico, aprovechar los lagos, ocio aventura… Incluso un espacio musical para hacer festivales” afirma la regidora del municipio minero. Sin embargo, en el caso de que las iniciativas previstas quedaran en vacío “podemos perder una oportunidad histórica de hacer un espacio europeo como se ha hecho en otros países, como se han hecho en escombreras y de espacios industriales”.

 

Esta oportunidad histórica es reconvertir la Gran Corta, una mina a cielo abierto, en un complejo turístico y museo formado por diferentes partes: “Museo carbonífero, Aula Paleobotánica, parque de ocio y aventura con grandes tirolinas e incluso aprovechar el territorio para realizar festivales” afirma Pedro Ramón, concejal delegado de Personal, Hacienda, Formación y Empleo, Régimen Interior y Minería.

 

Es decir, ‘hacerle una RCP’ a la cuenca minera recientemente bautizada como Bien de Interés Cultural (BIC). Y volver a escuchar de todo menos silencio, eso primordial. Y si para aquel entonces “las más de 500.000 toneladas que conforman la montaña de carbón del Pozo Alicia” no han sido vendidas por los concursales… Por lo menos, que quien pase por delante, entienda que tiene delante historias, vidas, trabajo, esfuerzo, muertes… Y un lugar donde perderse para volver a encontrarse.

 

 

 

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