Los sotos de castaño en El Bierzo se han consolidado como elementos fundamentales dentro del modelo de bioeconomía local, no solo por su capacidad para capturar dióxido de carbono (CO₂), sino también por los múltiples servicios ambientales que brindan a la sociedad. Así lo confirma un reciente estudio impulsado por la Mesa del Castaño del Bierzo y desarrollado por Cesefor, que cuantifica mediante avanzadas técnicas de modelización los beneficios ecosistémicos aportados por estos bosques.
Este análisis detallado ha permitido transformar datos biofísicos complejos en indicadores claros y accesibles, sentando las bases para una gestión forestal innovadora que va más allá del tradicional modelo extractivo —centrado exclusivamente en la recolección de madera, leña o castañas— hacia un enfoque basado en el reconocimiento económico de servicios ambientales como el almacenamiento de carbono, regulación hídrica, biodiversidad o polinización.

Principales hallazgos sobre los servicios ecosistémicos
Entre los aspectos destacados se encuentra la regulación hídrica, pues los sotos funcionan como auténticas esponjas naturales que mantienen un rendimiento hídrico anual entre 300 y 400 mm por hectárea, con picos máximos cercanos a 600 mm. Esta capacidad contribuye a recargar acuíferos locales y garantiza un flujo constante en ríos durante períodos críticos como el verano, asegurando así recursos vitales para el riego agrícola y el consumo humano.
En materia climática, estos bosques maduros representan importantes sumideros de carbono. La tasa media anual de fijación ronda las 2,6 toneladas de CO₂ por hectárea, llegando hasta 3,2 toneladas en algunos puntos. Valorando este servicio según el mercado europeo actual (EU ETS), se estima un beneficio económico potencial entre 185 y 227 euros por hectárea al año para quienes gestionan estas masas forestales.
Además, los sotos destacan como espacios esenciales para la biodiversidad. Los índices obtenidos reflejan una alta calidad ambiental con valores medios alrededor de 0.5 (escala 0-1) e incluso zonas con puntuaciones próximas a 0.9. Su función como corredores ecológicos fortalece la conectividad entre hábitats naturales y protege especies locales frente a amenazas humanas.
No menos relevante es su papel como reservorios de polinizadores silvestres, donde se detecta una abundancia relativa superior al promedio comarcal en un 67%, alcanzando hasta triplicar esa media en áreas concretas. Estos insectos juegan un rol crucial tanto en cultivos agrícolas como en la reproducción natural flora autóctona.

Nuevas perspectivas para la gestión territorial
El informe final subraya que cuantificar estos servicios ambientales es fundamental para orientar políticas territoriales que fomenten inversiones productivas y sostenibles. Ricardo Quiroga, investigador principal del estudio en Cesefor, enfatiza que “invertir en el conocimiento riguroso del entorno natural equivale a apostar por una economía futura sólida”.
Desde la Mesa del Castaño del Bierzo se destaca además que conservar estos ecosistemas no solo preserva recursos tradicionales, sino que también asegura funciones vitales para mantener saludables los suelos y ciclos hídricos frente al cambio climático. Esto exige compromisos firmes tanto económicos como políticos.
Finalmente, este trabajo técnico puede abrir puertas a nuevas vías financieras para agricultores y gestores forestales mediante mecanismos actuales como mercados de carbono o pagos vinculados a servicios ambientales respaldados por fondos europeos destinados a iniciativas medioambientales.


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