El Urogallo Cantábrico es una de las especies más emblemáticas de las que se pueden observar en el Alto Sil y en el Valle de Laciana. Un animal catalogado como en “peligro de extinción” y altamente protegido. Con el objetivo de concienciar a la población sobre la necesidad de preservar su existencia, además de contar con un lugar de atracción turística, nació hace 20 años el Centro del Urogallo, ubicado Caboalles de Arriba, en el municipio de Villablino.
El centro abrió sus puertas en la primavera de 2006 y hasta el momento ha recibido a 142.576 visitantes, con 18.318 escolares que han participado en las actividades educativas que se desarrollan en estas instalaciones, pertenecientes a la Fundación Patrimonio Natural de la Junta de Castilla y León.
La idea de establecer en el Valle de Laciana el Centro del Urogallo surgió en un contexto en el que se buscaba diversificar la actividad de este entorno, inmerso en la profunda crisis del sector minero, con cierres de explotaciones y pérdida de población de un municipio que llegó a contar con más de 11.000 habitantes y que fue de los más dinámicos de la Montaña Occidental leonesa.
La riqueza natural de este valle se convirtió entonces en uno de los focos de atención de las administraciones, que buscaban nuevas iniciativas para el territorio, con el turismo como uno de los puntos clave.
No obstante, el Valle del Sil está ubicado en un lugar privilegiado, con imponentes montañas y valles, espectaculares bosques de abedules y robles, además de extensiones de pasto que forman un hábitat de alto valor para numerosas especies, entre las que se encuentran el Urogallo o el Oso Cantábrico.
De hecho cuenta con diversas figuras de protección: forma parte de la Red Natura 2.000, con declaración de Zona de Especial Protección para las Aves, (Zepa), Lugar de Importancia Comunitaria (LIC), y Reserva de la Biosfera desde 2003.

En esa década de los 2000, el urogallo se encontraba en un importante declive, con apenas 300 ejemplares debido a la fragmentación de su hábitat, la acción humana, los depredadores y la caza, lo que llevó a catalogar a la especie en el año 2005 como en “peligro de extinción” dentro del Catálogo Nacional de Especies Amenazadas.
Declive en los 2000
El Alto Sil era uno de los núcleos más importantes de la especie, por lo que empezó a surgir la idea de dedicar un lugar a este animal, donde se pudiera conocer mejor y concienciar a la población sobre la necesidad de cuidarlo.
Así, las administraciones comenzaron a impulsar estrategias de diversificación económica basadas en la naturaleza, la cultura, la educación ambiental y la gestión sostenible de los recursos, estableciendo iniciativas como el Programa Life (1997-2003), destinado, precisamente, a la conservación de Ancares y el Alto Sil, conectando hábitats, reduciendo la fragmentación forestal y regulando el turismo.

Mientras, la propia Junta de Castilla y León desarrolló actuaciones en materia de gestión forestal, conservación de especies, tratamientos selvícolas y repoblaciones, aprobando también el Programa de Parques Naturales para facilitar el conocimiento y disfrute de la naturaleza a través de la creación de infraestructuras de uso público, como este Centro del Urogallo.
“El Centro del Urogallo ha servido para darle visibilidad porque, muy al contrario que con el oso, era el gran desconocido”, afirma Neli Gutiérrez, educadora ambiental del centro. “Un alto porcentaje de las personas que visitaron el lugar en los primeros años no sabían qué era este animal y no es posible valorar algo que no se conoce”, añade.


En su puesta en marcha se implicó el propio Ayuntamiento de Villablino, quien promovió la construcción del edificio, cedido posteriormente a la Junta de Castilla y León, quien asumió la financiación de las obras de acondicionamiento, la dotación expositiva y la adecuación del entorno, como recoge Ical.
Se trata de un edificio concebido como una reinterpretación de la arquitectura tradicional lacianiega, con materiales propios de la zona, con dos plantas para usos expositivos y administrativos, además de un sótano. La adecuación del entorno, de aparcamientos y la creación de una vía verde sobre las vías del antiguo ferrocarril minero completaron una actuación que superó los dos millones de euros. Tras su apertura, el centro se integró en la red de Casas del Parque de Castilla y León.
El contenido
El proyecto contó con la ayuda Tomero y Romillo Servicios Ambientales, empresa especializada en actividades relacionadas con el medio ambiente, la planificación territorial y el turismo sostenible. Se encargaron del diseño, la planificación y la puesta en marcha de iniciativas de interpretación ambiental, elaboración de contenidos, señalización y gestión de las actividades.
Para ello la compañía se ‘empapó’ del territorio, recorriendo los pueblos del Valle y del vecino municipio de Palacios del Sil, visitando a sus vecinos, documentando las particularidades sociales, culturales y económicas de la población y su relación con el entorno, con el objetivo de que el centro y su contenido se integrasen a la perfección.

De hecho, muchos habitantes aportaron material etnográfico y objetos de la vida tradicional de la zona, incorporados a la exposición en el denominado ‘Rincón de la memoria’.
De esta forma, el Urogallo se presenta como parte del territorio, de la vida del valle y del conjunto que forma este hábitat. Así, el centro se consolidó no solo como un equipamiento dedicado a la interpretación de una especie emblemática, sino como un punto de referencia para comprender el conjunto de dinámicas ecológicas, culturales y económicas que definen el Alto Sil.
“Una de las labores principales de estos 20 años ha sido a educación ambiental basada en la conservación de la especie, poniendo en valor la importancia de que una especie que lleva aquí más de 20.000 años pueda seguir cantando en nuestros bosques”, dice la educadora.
Por las instalaciones han pasado más de 18.300 estudiantes de 571 centros educativos, quienes participaron en charlas teóricas con experiencias prácticas, talleres, itinerarios interpretativos y salidas al medio natural para descubrir ríos, bosques y hábitats donde viven especies protegidas, como el urogallo y el oso.
“Se nota como los visitantes están más concienciados en la conservación del medio ambiente y vienen al Espacio Natural a conectar con la naturaleza con una conciencia cada vez más respetuosa con el entorno”, asegura Gutiérrez.

Voluntariado y encuentros
A estas actividades se suman iniciativas de voluntariado ambiental, entre las que destaca la recuperación y mantenimiento de elementos del patrimonio etnográfico, como el Molino de Caboalles de Abajo, y campañas de limpieza en espacios de alto valor patrimonial y turístico, como los Castros de Laciana. Estas acciones han contribuido a reforzar la implicación directa de la población en la conservación, tanto del medio natural como del legado cultural del territorio.
Además, se han organizado encuentros tradicionales, como ‘calechos’ en colaboración con la Reserva de la Biosfera de Laciana; ‘magüestus’, concebidos como espacios de convivencia y participación comunitaria en torno a la creación escénica local, con la representación de obras de teatro de autores locales, talleres de setas, cestería, cursos de diversas temáticas o exposiciones.
En definitiva el Centro del Urogallo ha desempeñado un papel fundamental en la dinamización cultural de la comarca, en colaboración con otras entidades. Actualmente se trabaja en la renovación de su contenido expositivo, con una inversión de 40.000 euros que servirán para modernizar su contenido didáctico y mejorar la experiencia del visitante.
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