Mientras el calor empieza a ganar terreno en el Bierzo, en las alturas de Ancares todavía sobrevive un paisaje que parece sacado de otra época. Allí, bajo la imponente silueta del Pico Cuiña, el techo de la sierra con sus 1.992 metros de altitud, un nevero resiste año tras año en pleno circo glaciar, convertido en una de las estampas naturales más singulares y desconocidas de la comarca.
Las imágenes inmortalizadas hace una semana por Tino Martínez han vuelto a poner el foco sobre este enclave de aspecto casi pirenaico situado en el corazón del valle de Ancares, donde la nieve acumulada durante el invierno logra mantenerse durante meses gracias a las condiciones extremas de la cara noreste del Cuiña.
“Hasta los años 80 se mantenía de forma perpetua, todo el año”, explica Martínez, que recuerda cómo este nevero es considerado una reminiscencia viva de lo que fue el antiguo glaciar del Cuiña. Un fenómeno natural excepcional en la Cordillera Cantábrica que todavía hoy sigue sorprendiendo a montañeros y amantes de la naturaleza.




El entorno del Cuiña está catalogado como Lugar de Interés Geológico y alberga uno de los complejos glaciares mejor conservados de toda la cordillera. En invierno, la laguna glaciar queda sepultada bajo varios metros de nieve, mientras que en verano emerge un lago de aguas cristalinas rodeado de paredes rocosas y un espectacular valle en forma de U esculpido por el hielo hace miles de años.
La cara noreste del pico preside el conocido como Circo glaciar del Cuiña, un enorme anfiteatro natural de aproximadamente 1,5 kilómetros de ancho y más de un kilómetro de longitud, rodeado por cumbres como Brañutín, Peña Venera o el Campanario. En su interior se encuentra además el refugio de la Braña de Teixeu y el conjunto lacustre encabezado por la laguna glaciar del Cuiña o Pozo Ferreira.


Los expertos consideran este enclave como uno de los mejores ejemplos de modelado glaciar y nival de toda la Cordillera Cantábrica. De hecho, el Inventario Español de Lugares de Interés Geológico destaca especialmente la singularidad de su nevero actual, capaz todavía de conservar nieve durante buena parte del año.
Las fotografías compartidas por Tino Martínez muestran precisamente esa resistencia silenciosa del hielo en pleno Ancares, una imagen cada vez más difícil de contemplar y que muchos consideran un pequeño testigo del clima de otro tiempo en las montañas del Bierzo, aunque todo hace indicar que este gran nevero se difuminará en las próximas jornadas, más aún teniendo en cuenta las altas temperaturas registradas en las últimas horas.
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