"Miré los muros de la patria mía..." Castro Bergidum, el origen de El Bierzo, un tesoro arqueológico en ruinas

Desde su origen como ciudadela celta a castro romano, fue escenario de encarnizadas batallas en las Guerras Cántabras con las que Roma se expandía por el norte de Hispania. Aquí, el emperador Augusto se topó con la resistencia de los Astures.

26 de Febrero de 2026
Actualizado: 26 de Febrero de 2026 a las 14:21
Castro Romano

Desde su origen como ciudadela celta a castro romano, fue escenario de encarnizadas batallas en las Guerras Cántabras con las que Roma se expandía por el norte de Hispania. Aquí, el emperador Augusto se topó con la resistencia de los Astures, primeros pobladores asentados como una jerarquía social, de arquitectura defensiva -empalizada-, y económica claramente definidas en el territorio. Aquí el castro se convirtió en ciudadela con varios cientos de habitantes intramuros. Su esplendor como castro romano se plasma en su muralla, de 1.1 KM de perímetro, lo que da testimonio del importante núcleo poblacional (la de Lugo es de 2 KM). Al menos se matuvo con vida como localidad hasta la invasión musulmana De hecho, fue capital del territorium bergidense visigodo, y en el  737 el Bierzo se consolidó como una atalaya protectora del reino astur desde este conocido ya "Castro Ventosa".  Sería entonces un castellum, sobre el cual el Reino de Asturias organiza su administración y defensa. Una de las derrotas más conocidas es la sufrida a los pies de Castro Ventosa, por Bermudo I que se enfrenta a Yusuf ibn Bujt en el año 791. 

... Toda una historia de más de 1.000 años que dieron origen etimológicamente, culturalmente y como sociedad organizada, a El Bierzo. Hoy,  en el año 2026, su resistencia se quiebra por el paso del tiempo -del mal tiempo-. La cadena de borrascas de este año ha derribado parte de la muralla que daba testimonio de toda esta riqueza que aún se guarda en su yacimiento interior.

La muralla es la mejor resistencia del legado del Bierzo. Sin embargo, todo ello se ha visto quebrado por las instensas y constantes precipitaciones que han asolado a la Comarca durante varias semanas, dando lugar a que varios tramos de la muralla de Castro Ventosa sufrieran desprendimientos en distintos puntos del entorno patrimonial. 

 

Una situación por la cual los Ayuntamientos de Cacabelos y Villafranca del Bierzo se unen para recuperar un yacimiento de vital importancia en la Comarca. 

Durante una reunión celebrada, se acordó que ambos consistorios elaboraran un informe técnico detallado que recoja las necesidades específicas para intervenir en la estructura. Este documento, con presupuesto incluido, será remitido a la Consejería de Cultura, Turismo y Deporte con el fin de evaluar posibles vías de colaboración institucional para su restauración y conservación.

 

Mucho antes de que los mapas recogieran el nombre de El Bierzo, una imponente ciudad fortificada se alzaba sobre el territorio. Sus fundadores astures la llamaron Bergdunum, un topónimo que une la raíz berg- (“alto”) y -dunum (“fortaleza” o “ciudad fuerte”). El significado es tan literal como revelador: “ciudad fortificada en lo alto”.

 

Los orígenes

 

Desde su posición estratégica —identificada hoy con el yacimiento de Castro Ventosa— se dominan amplias extensiones de terreno. La visibilidad sobre los valles circundantes, la cercanía a tierras fértiles, montes y recursos hídricos explican por qué aquel enclave resultaba idóneo para el asentamiento humano en una época temprana. En comparación con otros castros próximos y contemporáneos, como El Castrelín o El Castro de Borrenes, Bergdunum destacaba por sus grandes dimensiones, lo que lleva a los especialistas a considerarlo como el principal centro de poder del antiguo Bierzo prerromano.

 

La conquista romana y el auge de Bergidum

 

La llegada de Roma cambió para siempre el destino de la ciudad. Entre los años 25 y 23 a. C., en el contexto de las guerras asturo-cántabras, Bergidum —nombre latinizado del asentamiento— fue conquistada por las tropas imperiales. Las fuentes clásicas, como las crónicas de Lucio Anneo Floro y Paulo Orosio, relatan cómo la ciudad fue sometida por hambre y cómo sus habitantes huyeron hacia el monte Vindicus, identificado tradicionalmente con las actuales sierras de Ancares y Fornela.

La importancia de Bergidum durante la época romana fue notable. Más allá de su papel comercial y administrativo, su valor estratégico residía en ser cruce de caminos. En el 'Itinerario de Antonino', recopilación de rutas del Imperio, la sitúa como punto de confluencia de las calzadas que comunicaban con Brácara Augusta, Asturica Augusta y Lucus Augusti. Esta red viaria consolidó a Bergidum como enclave clave en el noroeste peninsular.

Durante la dinastía Flavia, obtuvo el ius latii, pasando a denominarse Bergidum Flavium y adquiriendo derechos de ciudadanía latina. Sin embargo, la localización exacta de este núcleo romano sigue generando debate. Algunos investigadores lo sitúan en el entorno del yacimiento de La Edrada, en Cacabelos, mientras que otros defienden su identificación con Castro Ventosa. 

Inscripciones halladas en distintos puntos del Imperio confirman su estatus jurídico, posiblemente como municipium. Una lápida descubierta en 1895 en Castro Ventosa —hoy conservada en el Museo de León—, fechada en el año 179 d. C., durante el segundo consulado de Cómodo, da testimonio de la vitalidad de la ciudad en el Alto Imperio.

Imagen aérea de Castro Ventosa | Foto: Guía de yacimientos arqueológicos de Castilla y León

 

De enclave visigodo a atalaya del reino astur

 

Tras las invasiones del año 406, suevos y vándalos ocuparon la zona. Posteriormente, el territorio pasó a integrarse en el reino suevo hasta su conquista por los visigodos de Leovigildo en el 585. Durante los siglos V y VI, Bérgido mantuvo una comunidad cristiana activa y varias iglesias, lo que evidencia continuidad urbana en un período de transformación política.

La relevancia del enclave queda reflejada en textos como el 'Parroquial suevo' y en la obra de San Valerio del Bierzo, quien sitúa a Bergidum como capital del territorio berciano. Monedas atribuidas a la ceca local refuerzan la idea de su peso administrativo en época visigoda.

Con la invasión musulmana iniciada en 711, las tropas árabes avanzaron por las antiguas calzadas romanas hasta alcanzar León, Astorga y Bergidum en 714. A partir del 737, el enclave se consolidó como posición defensiva del naciente Reino de Asturias. Fue escenario de enfrentamientos, como la derrota sufrida en 791 por el rey Bermudo I de Asturias frente a las fuerzas de Yusuf ibn Bujt. Bajo el reinado de Alfonso III de Asturias, las incursiones musulmanas se intensificaron en la zona.

Castro Astur

 

Repoblaciones fallidas y decadencia

 

En el año 857, las tierras bercianas fueron cedidas al monasterio de Samos. A partir del siglo IX, el nombre de Bergido desaparece progresivamente de la documentación, sustituido por la denominación territorial de El Bierzo. Aunque aún se registran donaciones y referencias en los siglos X y XII, el enclave entra en una lenta decadencia.

Diversos factores explican su despoblación casi total: la inseguridad derivada de las razias, posibles represalias regias y, sobre todo, su ubicación elevada con recursos hídricos limitados. Mientras tanto, nuevas villas como Villafranca y Cacabelos ganaban protagonismo, favorecidas por su posición en el Camino de Santiago y por políticas de repoblación con población franca impulsadas por monarcas como Fernando II de León y Alfonso IX de León.

Los intentos de revitalizar Castro Ventosa resultaron efímeros. Así, la antigua ciudad fortificada que durante siglos fue eje político y estratégico del Bierzo quedó reducida a ruinas, testigos silenciosos de un pasado que marcó la historia del noroeste peninsular.

Imagen aérea de la muralla de Castro Ventosa

 

Del declive del castro al nacimiento de Cacabelos

 

La invasión musulmana a comienzos del siglo VIII aceleró el declive del enclave fortificado. Progresivamente, la población se desplazó hacia el llano, favoreciendo el desarrollo de un nuevo núcleo: Cacabelos.

El nombre de la villa aparece documentado a finales del siglo X y, en 1108, la Historia Compostelana atribuye al obispo Diego Gelmírez la repoblación y consagración de su iglesia.

Situada en pleno Camino Francés a Santiago, Cacabelos se convirtió en punto estratégico para los peregrinos. Puentes, hospitales como los de San Lázaro o Santiago, y templos románicos estructuraron un urbanismo adaptado al tránsito jacobeo. El puente sobre el Cúa facilitó el paso y consolidó su papel como inicio o final de etapa en las rutas medievales.

Derrumbe de la muralla de Castro Ventosa

 

La muralla de Castro Ventosa antes de los desprendimientos

 

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