La Asociación de Ganaderos de Laciana ha reclamado ayudas y medidas más eficaces para hacer frente al aumento de los ataques de oso, una situación que consideran cada vez más preocupante por la creciente presencia de ejemplares en el interior de los núcleos urbanos.
La última incidencia se produjo durante la noche del pasado sábado en Caboalles de Abajo, donde un oso atacó una pequeña granja escuela situada en pleno centro de la localidad, con la muerte de 4 ovejas. Aunque los ataques a finales del verano son habituales en algunas zonas de montaña, desde el colectivo aseguran que lo alarmante no es el daño en sí, sino el lugar en el que se produjo.
El presidente de la asociación recuerda que los ganaderos llevan toda la vida conviviendo con esta especie, pero asegura que nunca habían vivido una situación similar. “No se puede normalizar que los osos estén dentro de los pueblos y caminando por las calles”, advierte.

Según explican, en los últimos tiempos se han multiplicado los avistamientos. De hecho, el propio responsable del colectivo asegura haber visto tres osos distintos en apenas 300 metros, una circunstancia que consideran inédita hasta ahora en la comarca.
La preocupación también se extiende entre los vecinos. En Caboalles de Abajo, afirman, cada vez son más las personas que evitan pasear por determinadas zonas por miedo a encontrarse con alguno de estos animales. “Existe el temor de que algún día haya que lamentar una tragedia”, sostienen.
Desde la asociación insisten en que no plantean eliminar la presencia del oso en la comarca ni cuestionan su conservación. Sin embargo, consideran que el equilibrio entre la protección de la especie y la actividad humana se ha roto. “Siempre hemos defendido la convivencia con el oso, pero ahora mismo no tenemos argumentos para hacerlo porque está generando muchos más problemas de los beneficios que aporta al territorio”, lamentan.

Los ganaderos también denuncian que las medidas preventivas actuales no están funcionando y critican la lentitud en el pago de las indemnizaciones por daños. Como ejemplo, señalan que algunos afectados por ataques registrados el pasado año todavía no han cobrado las compensaciones correspondientes.
Además, advierten de que esta situación supone un nuevo obstáculo para el desarrollo económico de la comarca. Aunque Laciana fue históricamente una cuenca minera, la zona trata de diversificar su actividad apostando por sectores como la ganadería y la agricultura, unas actividades que, según denuncian, se están viendo cada vez más condicionadas por el aumento de los ataques y la presencia de osos en las inmediaciones de los pueblos.
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