El Castillo de los Templarios de Ponferrada no es solo una fortaleza para ser contemplada: es un espacio que se lee. Sus muros conservan un complejo sistema de inscripciones, escudos y símbolos labrados en piedra que permiten reconstruir la historia del poder que se ejerció desde este enclave estratégico del Bierzo durante la Baja Edad Media.
Lejos de una simbología exclusivamente templaria -como a menudo se ha difundido-, las fuentes documentales y arqueológicas muestran un discurso visual mucho más ligado a los condes de Lemos, a la heráldica nobiliaria y a una concepción profundamente religiosa del poder, tal y como recoge el libro Ponferrada artística y monumental, del historiador Vicente Fernández Vázquez.
Inscripciones que legitiman la fortaleza
Las páginas de Ponferrada. Artística y monumental documentan que todas las inscripciones epigráficas de la fortaleza, tanto las que se conservan en la actualidad como las conocidas por fuentes históricas, fueron mandadas realizar por Pedro Álvarez Osorio, primer conde de Lemos y señor de Ponferrada.

Una de las más destacadas se situaba sobre la puerta del patio de la fortaleza, labrada en una gran piedra, donde figuraba el cristograma IHS junto a una inscripción que dejaba constancia de la construcción de las casas palaciales en 1452, por Pedro Álvarez Osorio y su esposa Beatriz de Castro, señores de Villafranca, Ponferrada y Monforte de Lemos.

Como explica Fernández Vázquez en su obra, este uso de la epigrafía no responde a una finalidad decorativa, sino a un acto de afirmación política, una forma de dejar constancia escrita -y permanente- del dominio señorial.
El Salmo 127: Dios como último guardián
Otra de las inscripciones más relevantes se conserva en la torre de los Caracoles, bajo la tau situada en el centro del sillar. El texto reproduce parte del Salmo 127, citado y traducido en Ponferrada. Artística y monumental:
Nisi Dominus custodierit civitatem, frustra vigilat qui custodit eam” (Si el Señor no protege la ciudad, en vano vigila quien la guarda).
Según explica el historiador y director de los museos de Ponferrada, Javier García Bueso, esta inscripción enlaza directamente con la mentalidad nobiliaria medieval: “Refuerza la idea de que la fortaleza solo es efectiva si está protegida por lo divino; el poder del señor se presenta como una concesión de Dios”.


La ubicación de este mensaje, tras superar el puente levadizo y antes de acceder al cuerpo de guardia, responde a una puesta en escena intencionada, diseñada para impresionar y advertir a quien cruzaba el umbral.
La tau: un símbolo protector, no templario
Uno de los elementos más reconocibles del castillo es la Tau que corona la puerta de acceso. Durante siglos se interpretó como una marca templaria, pero tanto las fuentes escritas recogidas por Fernández Vázquez como las explicaciones de García Bueso desmontan esa idea.
“La cruz del Temple era roja; la tau no tiene nada que ver con los templarios”, aclara García Bueso. La tau, con forma de “T”, aparece documentada como un símbolo protector, vinculado a la tradición bíblica y a la orden hospitalaria de San Antón, cuyos monjes la utilizaban -en color azul- como defensa espiritual frente al ergotismo, el conocido “fuego de San Antón”.
El libro confirma además que este símbolo aparece en otros enclaves del señorío de Lemos, lo que refuerza su interpretación como divisa señorial y no como vestigio templario.

Heráldica: linajes, pleitos y poder
La fortaleza conserva una abundante heráldica que testimonia el paso de distintos linajes. En la torre de los Caracoles aparecen las armas del duque de Arjona, cuñado del conde de Lemos, con un escudo en el que se reconocen el castillo, el león y las llamadas trabas heráldicas, tal y como describe Ponferrada. Artística y monumental.

Según explica Javier García Bueso, este escudo podría responder a una manipulación interesada en el contexto de un pleito dinástico: “El conde necesitaba demostrar que esa parte de la fortaleza no pertenecía a su segundo matrimonio, sino que había sido construida antes, y la heráldica se convierte en una herramienta legal”. La piedra, de este modo, funciona como documento jurídico.

Alfardones y restos palaciales
Las excavaciones arqueológicas documentadas en la obra de Fernández Vázquez permitieron recuperar alfardones cerámicos del siglo XV, decorados con las armas de Pedro Álvarez Osorio y Beatriz de Castro, procedentes de la antigua sala de los Azulejos. Estas piezas, hoy conservadas en el Museo del Bierzo, confirman el carácter palacial y representativo de la fortaleza, más allá de su función militar.

Reyes Católicos y autoridad real
La heráldica se completa con los blasones de los Reyes Católicos, visibles en la torre homónima, donde aparecen el castillo de Castilla, el león de León, el águila de San Juan, el yugo y las flechas, junto a la granada. Un programa simbólico que evidencia, como recoge el libro, la incorporación definitiva de Ponferrada al poder real.


Lejos de alimentar leyendas, las inscripciones y símbolos del castillo de Ponferrada permiten entender la fortaleza como un relato de poder cuidadosamente construido, documentado tanto en la investigación histórica como en la propia piedra.

“Las piedras hablan, pero hay que saber leerlas”, resume Javier García Bueso. Y al hacerlo, el castillo deja de ser solo “templario” para revelarse como lo que realmente fue: la sede simbólica, política y espiritual del señorío de los Lemos en el Bierzo.

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