Érase una vez… una iglesia en medio de la plaza del Ayuntamiento de Ponferrada

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Hace 145 años desapareció para siempre la iglesia del convento de San Agustín, que durante siglos ocupó la plaza del Ayuntamiento de Ponferrada y cuyo retablo mayor aún se conserva en la parroquia de Almázcara

Redacción: V. Silván/ Gráficos: Dativo

Redacción: V. Silván/ Gráficos: Dativo

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¿Te imaginas una iglesia en el medio de la plaza del Ayuntamiento de Ponferrada? Ahora parece imposible, pero casi cinco siglos atrás no era necesario hacer ningún ejercicio de imaginación. Bastaba con darse un paseo por el entonces llamado ‘Campo de las Eras’, fuera ya del recinto amurallado, y contemplar cómo se levantaba majestuoso el convento de Nuestra Señora de Gracia con su iglesia, fundado por la Orden de San Agustín en la década de 1530.

Estas instalaciones religiosas ocupaban los terrenos sobre los que hoy se levanta el instituto Gil y Carrasco y buena parte de la plaza. Y es que la Casa Consistorial no empezaría a construirse hasta más de un siglo después, en 1692, y conviviría durante casi 200 años con la iglesia de los Agustinos hasta su derribo en 1875 tras la desamortización de Mendizábal. Sería entonces cuando cambiaría totalmente la imagen de esta parte de la ciudad, más abierta con la ampliación de la calle y de la plaza.

Es una parte de la historia de la ciudad que ha ido quedando en el olvido, siendo muy pocos los que han llegado a saber de su existencia. Algunos lo habrán escuchado en alguna animada conversación de barra de bar o de sobremesa, otros lo habrán descubierto entre las páginas de algún libro como Una institución berciana. Convento de San Agustín de Ponferrada de Tomás González Cuellas o Ponferrada Artística y Monumental de Vicente Fernández o habrán “tropezado” en internet con el artículo de Rafael Lezcano publicado en 2014 en la revista ‘Bierzo’.

 

Una iglesia pequeña y proporcionada

La iglesia San Agustín era más bien pequeña, aunque proporcionada y rica. Según escribe Rafael Lezcano, fue construida con sólidos materiales y su construcción se retrasó durante más de un siglo. “Dispuso de varios altares, imágenes de madera policromada y, al menos, de una estatua de piedra, dedicada a Nuestra Señora de Gracia, devoción mariana traída a Ponferrada por los agustinos”, apunta.

El templo estaba ubicado al este del ‘Campo de las Eras’ –después plaza de la Constitución y hoy en día plaza del Ayuntamiento-, obstaculizando el paso desde la calle Ancha y con sus pies y entrada principal orientados hacia la calle Jardines. Un patio ajardinado lo separaba del edificio del convento.

“Su planta era rectangular y de una sola nave. El ábside, de cinco lados, se cubre con una bóveda de terceletes y cuatro estribos oblicuos al exterior. La sacristía se encontraba adosada a la capilla mayor, por el lado de la epístola. A los pies de la iglesia estaba el coro y sobre la pared del mediodía se levantaba la portada principal y una espadaña triangular, con dos cuerpos de campanas”, describe el historiador Vicente Fernández.

Los vestigios que quedan de su existencia

Lo cierto es que el “viejo caserón” del convento de Nuestra Señora de Gracia estuvo en pie hasta 1963, cuando se tiró abajo para dejar paso al nuevo edificio del instituto Gil y Carrasco, y aún se conservan algunos vestigios que atestiguan su existencia repartidos entre Ponferrada, Almázcara y Santalla.

La capilla mayor de la iglesia de San Agustín es hoy en día el retablo de Almázcara. A sus lados, otros dos retablos procedentes de la ermita del Carmen de Ponferrada. Foto: Francisco L. Pozo

Su capilla mayor es ahora el retablo de la iglesia de Almázcara. “Había quedado olvidado en un almacén en Ponferrada y fue un cura de aquí el que lo trajo y quedó registrado en uno de los libros, donde se apuntó que se había pagado tanto por el carro que fue a buscar el altar”, cuenta el cura de Almázcara, Santiago González, que explica que su parroquia también guarda el cuadro del Santo Cristo de Burgos, procedente también de otra de las capillas de esa iglesia.

Así acabó el retablo en esta pequeña iglesia de pueblo, donde sus tablas aún cuentan la historia de San Agustín, su conversión al cristianismo o el pasaje del niño y la concha. Y es que cuenta la leyenda cuenta que, meditando sobre el misterio de la Santísima Trinidad, San Agustín paseaba por la playa cuando vio a un niño con una concha que cogía agua del mar y la depositaba en un agujero. Al preguntarle sobre lo que hacía, el niño respondió que vaciaba el mar en el hoyo que había excavado. Cuando el santo le advierte sobre la imposibilidad de poder realizar tal acción, el niño le contesta que es igualmente imposible intentar explicar el misterio de la Trinidad.

Por otro lado, parte de la sillería de su coro se llevó al camarín de la basílica de Nuestra Señora de la Encina en Ponferrada y en el instituto Gil y Carrasco se conservan un banco, una silla y una mesa de nogal, así como el escudo de armas de los Valcárcel y Teijeiro, uno de los linajes enterrados en la capilla mayor del desaparecido templo.También sobrevivió el conocido como altar de ‘La Comunión’ en la iglesia de Santa Marina de Santalla, junto a una imagen de San Agustín.

El párroco de Almázcara, Santiago González, a punto de cumplir los 94 años. Foto: Francisco L. Pozo
Detalle de una de las tablas que cuentan la vida de San Agustín. Aquí representada la anécdota del niño y la concha. Foto: Francisco L. Pozo
Hoy un Cristo es la imagen central de esta parte del retablo, antes dedicada a San Agustín. Foto: Francisco L. Pozo

Su origen, en Pombueza

Según explica el historiador Rafael Lazcano en su estudio La centenaria historia del convento de Nuestra Señora de Gracia, vulgo convento de San Agustín, de Ponferrada, los agustinos permanecieron en la capital berciana durante “tres siglos largos”, desde 1508 hasta la desamortización de Mendizábal, con su expropiación en 1835.

Su primer asentamiento fue en la ermita de Nuestra Señora de Pomboeza, “situada a la entrada del puente romano del río Boeza, en su margen derecha, en el término de Campo, al lado de la ermita de San Blas y a medio cuarto de legua de la Villa de Ponferrada”. Allí se hicieron cargo también de la hospedería y del hospital de peregrinos y del ‘paso de la barca’, ya que el antiguo puente romano estaba derrumbado, lo que hacía que el Camino estuviese interrumpido y siendo necesaria una barca para poder cruzar al otro lado del río.

Algunos años después, en la década de 1530, es cuando los agustinos compran unos terrenos en el ‘Campo de las Eras’ y fundan el convento de Nuestra Señora de Gracia. El edificio primitivo del convento -en paralelo a la plaza, a modo de pabellón alargado, que llegaba hasta la actual calle Jardines- se completó con la construcción del claustro y la iglesia, cuya finalización se prolongó más de un siglo.

El templo y su estatua de piedra de Nuestra Señora de Gracia generaron gran admiración y devoción entre los ponferradinos, también muy agradecidos por la labor que realizaban, especialmente para facilitar la enseñanza a las familias que disponían de menos medios. Así, el convento acondiciona aulas para las cátedras de Gramática, Artes y Moral -uno de sus alumnos fue el escritor Enrique Gil y Carrasco-, con una enseñanza que “será gratuita para los padres de familia y abierta a toda la población, sin discriminación social, política y económica”.

El plano de la iglesia realizado por el trasmerano Pedro de las Lastras en 1598.

El principio del fin

Tras la desamortización y dos incendios, el Ayuntamiento de Ponferrada, ya como propietario, procede a la restauración del convento pero carece de medios económicos para derribar la iglesia. Por ello, durante un tiempo fue cedida a la Sociedad de Teatro con el objetivo de “habilitar con urgencia un teatro decente y cómodo” y, ya desprovista de cualquier signo religioso, fue alquilada para almacén de maderas y carpintería y un taller de pintura.

Tras algún otro intento fallido de demolición del templo, ya que facilitaría la entrada a la calle Ancha y el uso de los materiales de derribo en obras públicas, finalmente se aprobó su derribo en 1873 con la excusa de la regularización de la plaza de la Constitución -la plaza del Ayuntamiento actual-. Dos años más tarde, desaparecía para siempre la iglesia de San Agustín del plano ponferradino y a pesar de la indignación del obispo de Astorga, “que prometió no visitar más en su vida la villa de Ponferrada”.

Lo que eran las dependencias del convento permanecieron en pie durante casi otro siglo para albergar el instituto Gil y Carrasco, hasta que en 1963 también fue echado abajo para levantar el nuevo edificio educativo, más moderno. Y de esta manera desapareció definitivamente, como también destaca el historiador Vicente Fernández, “uno de los edificios más monumentales de la villa, tras la fortaleza”.

El derribo del “viejo caserón” del convento de San Agustín, para construir el nuevo edificio del instituto Gil y Carrasco. Foto: Aquiana

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