Fabero, diciembre de 1933: el corazón de la insurrección comunista en el Bierzo – INFO BIERZO
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Fabero, diciembre de 1933: el corazón de la insurrección comunista en el Bierzo

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Hace 85 años, la cuenca minera de Fabero se levantó en armas contra la II República en una rebelión que, entre el 10 y el 11 de diciembre de 1933, llegó a tomar los ayuntamientos de Fabero, Vega de Espinareda, Arganza y Cacabelos

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Una publicación de los anarquistas de la CNT, animando a la abstención en las elecciones de 1933 durante la II República.

“En la Historia de las revoluciones el nombre de esos pueblos quedan grabados para siempre, como ejemplo de heroísmo y de grandeza en la lucha por la liberación humana”. Pero no siempre ocurre así y llega el olvido, como ha  ocurrido con los sucesos de diciembre de 1933, la llamada insurrección comunista en el Bierzo y que tuvo su corazón en el pueblo de Fabero, y que todavía son desconocidos para muchos. Ahora, cuando se cumplen los 85 años de esa rebelión, es momento de hacer memoria. 

A lo largo de ese año, en las cuencas ya se habían vivido frecuentes disturbios y altercados avivados por los sindicatos mineros que reclamaban mejoras salariales y de las condiciones de trabajo. Una tensión que se intensificó en los últimos meses de 1933, en un contexto general de reivindicaciones de todos los mineros de España e incluso con la convocatoria de huelgas y sabotajes.

No era algo nuevo ni hechos aislados, prácticamente desde la proclamación de la II República la cuenca de Fabero había estado sumida en una continua conflictividad. Un año antes, el Sindicato Único Minero (SUM) y la UGT habían convocado una huelga que, según escribe José Antonio Landera en ‘León,1933: De las urnas al comunismo libertario’, “llegó a durar dos meses, en los que se produjeron graves incidentes teniendo que intervenir la Guardia Civil, con la que los mineros intercambiaron disparos”.

Así, todo desembocó en un movimiento insurreccional en diciembre de 1933 como respuesta social al llamamiento al desorden lanzado por los anarquistas en toda España y en el que cuenca de Fabero se constituyó como foco principal de la rebelión en la provincia de León. Allí el SUM de la Confederación Nacional del Trabajo (CNT) era fuerte y tenía amplios apoyos, con dirigentes con gran carisma y personalidad como Antonio Monge ‘El Ilustre’, Clemente Aparicio Pérez o Salustiano Quintela.

10 de diciembre de 1933, se enciende la mecha

Durante los primeros días de diciembre de 1933, el SUM celebró diferentes reuniones y asambleas en el local del sindicato en Fabero y otras secretas en los montes del pueblo para transmitir las directrices de la CNT llegadas desde León. En ellas acordaron reunirse todos los afiliados el 10 de diciembre, a las once de la noche, para hacerse con todas las armas posibles entre los vecinos del pueblo y tomar el Ayuntamiento, para después dirigirse a Vega de Espinareda y asaltar el cuartel de la Guardia Civil, lo mismo que harían a continuación en Cacabelos y Ponferrada. “Una vez conseguido el control de la zona, se dirigirían a León para tomar la capital”, cuenta Landera.

Para ello contaban además con ayuda del sindicato en León y Barcelona, que habían enviado a la estación de tren de Ponferrada dos cajones, uno con 80 bombas de distinto tamaño y peso y otro con 40 pistolas y 25 escopetas. Tras retirarlos, los ocultaron en una habitación de la casa del líder sindical Clemente Aparicio y en la mina ‘Pacita’, ubicada entre Fontoria y Bárcena, junto a la dinamita, armas y munición de las que llevaban haciendo acopio desde hacía meses. Tenían todo preparado y comenzaron a ejecutar su plan, con esa primera reunión el 10 de diciembre para sumarse a la convocatoria de huelga general. Con Aparicio a la cabeza y tras proclamar el comunismo libertario, los mineros asaltaron el Ayuntamiento y el Juzgado, quemando la documentación municipal y colocando su bandera rojinegra en el lugar de la tricolor republicana.

“Sobre las 7.30 horas del lunes 11 de diciembre de 1933, con Fabero ya asegurado, salen los revolucionarios en los camiones hacia el pueblo de Sésamo, donde requisan también armas y proclaman igualmente el comunismo libertario”, escribe el investigador Roberto Matías en su artículo ‘La minería de carbón en Fabero del Bierzo’, mientras otro grupo se dirigía a Vega de Espinareda para tomar el cuartel de la Guardia Civil, parando antes en el polvorín del empresario minero Rutilio García -donde también estaba depositada buena parte de la munición de la Benemérita-. ” Nada más llegar al pueblo los mineros se dirigen hacia el cuartel, al que ponen cerco y comienzan a tirotear y bombardear con los explosivos incautados en las minas y la gasolina de un surtidor cercano”, cuenta Matías. Vega quedaba ocupada por los huelguistas a las 12 del mediodía, con la bandera roja y negra ondeando en su ayuntamiento.

El Ayuntamiento viejo de Fabero, tomado por los revolucionarios en la mañana del 11 de diciembre de 1933. Fuente: ‘Fabero y Otero’, de Máximo Álvarez.

El comunismo libertario

A continuación, celebraron una asamblea en la plaza del pueblo con trabajadores y vecinos, a quienes se dirigió Clemente Aparicio para comunicarles que el comunismo libertario había triunfado en toda España y colocar un bando que decía: «Pueblo: Hombres con partido y sin partido. Hombres y mujeres que sufrís la explotación de la actual sociedad, la revolución os llama, la hora de la justicia se avecina. Hay que prepararse y armarse hermanos y romper de una vez para siempre las cadenas que al pueblo explota y oprime el capital, política y religión. Por eso damos la voz de armarse, que la hora así lo requiere y todos unidos en inmensa alegría como torrente desbordado vayamos por lo que era nuestro, campos, fábricas, minas y recogiendo toda la riqueza acumulada en las iglesias y conventos quemando las leyes de la podrida y criminal política y a todo cuanto se oponga. ¡No más sufrir!¡Abajo el señorito engañador, parásito y explotador!¡Arriba el productor soberano!¡Todos a trabajar en bien de todos y para todos!¡Paso libre a la revolución social!».

Los revolucionarios decidieron entonces no dirigirse directamente a Ponferrada, sino tomar antes Arganza y Cacabelos.  Así, a eso de las tres y media de la tarde emprendieron el camino hacia Arganza, donde también quemaron el ayuntamiento y asaltaron la casa del cura, y después hacia Cacabelos. Mientras tanto, ya habían llegado a Ponferrada noticias de lo ocurrido, por lo que su alcalde, Francisco Sánchez González, reclamó el apoyo de las fuerzas del orden público para evitar que la revuelta triunfara en la capital berciana y  la intervención del gobernador civil con el envío de las fuerzas militares. Según relata Landera, el alcalde ponferradino “mandó requisar un camión en el que partió un contingente de ocho guardias civiles y un cabo, en apoyo al puesto de Cacabelos, coincidiendo prácticamente su llegada con la de los mineros a este pueblo”.

Esquema realizado por los tribunales militares con el recorrido que hicieron los revolucionarios en el Bierzo. Fuente: ‘León, 1933: De las urnas al comunismo libertario’ de Wenceslao Álvarez y Víctor del Reguero.

La “reconquista”

Eran ya la seis de la tarde de ese 11 de diciembre y casi había oscurecido en Cacabelos. Los ataques se centraron de nuevo en el ayuntamiento y el cuartel, ambos defendidos por la Guardia Civil, que en este caso contó con el apoyo del sindicato UGT y algunos vecinos. En el tiroteo resultaron muertos un minero de 18 años, José Barrero, y un vecino de 24 años, José Yebra, mientras que entre los heridos se encontró también un guardia, que recibió una perdigonada.  Las tropas del ejército de la II República, con el comandate García Vallejo a la cabeza, llegaron a Cacabelos esa misma noche y comenzaron a “reconquistar”  uno por uno todos los pueblos. Cacabelos, Arganza, Vega de Espinareda, Fabero. Todos volvieron a estar bajo el control republicano en un día, mientras los mineros se retiraron hacia las montañas de los Ancares y Fornela, quemando incluso en su huida el ayuntamiento de Candín. En los demás pueblos del Bierzo los mineros habían parado en sus trabajos, pero no llegó a cuajar la sublevación.

Dominada la zona, las detenciones fueron masivas  y comenzó la represión.  “Ese mismo día se enviaron a León 21 detenidos de Fabero, por no haber sitio en la zona; otros 17 fueron llevados a la cárcel de Sahagún y 16 más ingresaron en Astorga”, destaca Matías. De forma paralela, los patronos mineros tomaron una medida que tendría una gran trascendencia: despedir a todos los cabecillas sindicales y a todos los trabajadores que hubieran intervenido de alguna forma en esta rebelión. Según José Antonio Landera, sólo en Fabero más de 150 familias se quedaron sin trabajo.

El juicio por los sucesos de Fabero tuvo lugar el año siguiente, con cargos similares contra los 48 procesados por estos hechos. Así, el juicio se inicio el 11 de mayo de 1934 y tres días después, tras varias horas de deliberación el  juez daba a conocer la sentencia -una vez que el fiscal había retirado la acusación contra 21 de los encausados, por no poder demostrar su participación,  y solicitando 23 años, 8 meses y un día para el resto por un delito de sedición-. Su fallo para esos 27 acusados, seis meses y un día de prisión por un delito contra la forma de gobierno y dos años por tenencia de explosivos, además de una indemnización a las empresas mineras afectadas por el robo de dinamita.

Nota de los sucesos de Fabero en un suplemento de la publicación anarquista ‘Tierra y Libertad’.
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