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Fabero prepara el rodaje de una boda ambientada en los años 40

El proyecto, que lleva el nombre de ‘La boda estorbada’ y partió de una idea de Evelio Cadenas, supone un homenaje, a través del teatro de calle y de antiguas canciones, a las tradiciones presentes hasta hace pocas décadas en los valles de Ancares y Fornela.

  Sábado, 8 de julio de 2017

  David Álvarez/ ICAL
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César Sánchez / ICAL Evelio Cadenas (I), precursor del rodaje de la ‘Boda estorbada’, junto a varios de los actores del rodaje

Un cura, un obispo, un ciego, varios niños, la Guardia Civil, los padres, los amigos y, por supuesto, los novios. Éste será el elenco de personajes que participarán, los días 21 y 22 de julio, en el rodaje que prepara el berciano Evelio Cadenas y en el que se recreará una antigua boda de los años 40, con su parafernalia tradicional. El proyecto, que lleva el nombre de ‘La boda estorbada’ y en el que sus impulsores llevan trabajando durante el último medio año, supone un homenaje, a través del teatro de calle y de antiguas canciones, a las tradiciones presentes hasta hace pocas décadas en los valles de Ancares y Fornela.

Al respecto, la iniciativa provocará que las manecillas del reloj viajen casi un siglo atrás en el tiempo para recrear los distintos escenarios del Fabero de la época. Así, el primer día tendrá lugar la pedida de mano y el pago del ‘piso’, “una especie de impuesto que los mozos del pueblo exigían al novio, que es de fuera del pueblo, por llevarse a la chica”, explica Cadenas, que recuerda que, en caso de negarse a satisfacer este pago, el casamentero era arrojado “de cabeza al pilón”. El asustado protagonista de la celebración llegará acompañado de dos amigos, “un hombre bueno y un chupón”, relata Cadenas, que añade divertido que este segundo amigo “dice todo mentiras, asegura que el novio tiene muchas propiedades, pero es falso”.

Tras la pedida de mano, que tendrá lugar tras la Casa de la Cultura, en el entorno de la plaza de la Encina, los padres del novio, convertidos ya en compadres de sus consuegros, asistirán a la bendición de rodillas. “El padre de la novia los hacía arrodillarse a la salida de la casa y les daba su bendición”, explica Cadenas. Una vez cumplido el trámite, los casamenteros, sus padres y los padrinos iniciarán el desfile hacia la iglesia, a la entrada de la cual el cura preguntará, como era tradición, al padre de la novia si la autoriza a entrar en la iglesia.

Antes de llegar, los niños del pueblo, vestidos con ropajes de la época, recitarán una poesía a la novia y un ciego cantará un romance en el que insinuará que la novia “anda con el cura”, lo que provocará la intervención de la Guardia Civil, ya que el novio, ante la afrenta, querrá salvar el honor de su prometida. Tras la pequeña trifulca, los prometidos continuarán con su camino hacia la puerta de la iglesia, donde tendrá lugar la celebración, que se oficiará en latín, como era costumbre, y en la que participarán dos sacerdotes y el obispo de la Diócesis, en una misa compartida. Antes, el cura de la localidad dará fe de la buena salud de la novia, gracias al certificado expedido por el médico del pueblo.

Una vez dado el ‘sí, quiero’, los novios, convertidos ya en marido y mujer, presidirán el clásico banquete, en el que no faltarán los entremeses, el cordero asado al horno y el roscón, acompañados de vino, pan y café. “Era el tradicional banquete de una boda de pueblo”, explica Cadenas, que recuerda que “a veces se mataba una ternera y las bodas llegaban a durar hasta cuatro días, con anteboda, boda y tornaboda”. “Recuerdo bodas de casarse siete hermanos con siete hermanas y terminaron como el rosario de la aurora”, relata Cadenas, que atribuye estos matrimonios a una mentalidad existente entre los padres de la época que tenía por objetivo no partir las herencias. El banquete precederá al tradicional baile, que se acompañará con un concurso de panderetas.

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César Sánchez / ICAL

Vocación de continuidad

La recreación se llevará a cabo con la gente del pueblo interesada en participar, tal y como explica el organizador, que recuerda que sólo habrá un actor profesional entre el reparto de este montaje de teatro de calle. El objetivo de Cadenas es reunir a un grupo de al menos 60 personas, para dar color al desfile que tendrá lugar de camino a la iglesia. Por el momento, son ya cerca de 30 los vecinos que se han inscrito en la iniciativa, y que tendrán que buscar en sus armarios ropa de época acorde al tiempo en el que se ambienta la acción.

En ese sentido, el atrezzo que se utilizará durante la representación también estará relacionado con la época de la posguerra y está basado en documentos históricos que el propio Cadenas conserva en su casa. Así, la recreación incluirá la grabación de la boda a la manera tradicional, con una cámara alojada en un antiguo cajón de madera, un foco, un megáfono y la presencia de una maquilladora, es decir, el “rodaje de un rodaje”, como Cadenas se refiere a él.

En cuanto al guion, los personajes están inspirados en las obras del poeta, ensayista y novelista burgalés Victoriano Crémer y en varias escenas de la película ‘Qué verde era mi valle’, dirigida por John Ford y que cuenta la historia de una familia minera de Gales. Los problemas para llevar a escena los ambientes de la cinta, que se proclamó ganadora del Oscar a la mejor película en 1941 por delante del clásico de Orson Welles ‘Ciudadano Kane’, tienen que ver con la espectacularidad de los decorados y con la necesaria concurrencia de al menos 200 personas, una cifra de asistentes mucho más elevada que la que menaje el organizador del evento, reconoce el propio Cadenas.

Al respecto, la intención de Cadenas es que el evento tenga “vocación de continuidad” y se amplíe para incluir instalaciones municipales como la Escuela del Ayer, el espacio de homenaje a la educación republicana, ubicado en las instalaciones de la antigua escuela del municipio. La idea consistiría en aprovechar la ambientación del lugar para recoger el momento de salida de los niños del colegio, explica Cadenas, cuya contribución personal en la recuperación de la antigua infraestructura fue determinante para su puesta en marcha en abril del año pasado. “Queremos hacer alguna cosa diferente en el ámbito de la cultura y que el año siguiente la recreación tenga más gente y más escenas”, explica el autor del proyecto, que admite que el objetivo principal es “pasarlo lo mejor posible”.

Recopilando la historia

La pasión de este prejubilado minero por las artes escénicas se hace patente con su participación en uno de los grupos de teatro más activos de Fabero, en el que se ocupa de la dirección artística. Además, el lenguaje audiovisual, su otra gran pasión, lo ha llevado en los últimos años a realizar grabaciones de los testimonios de la gente mayor de los pueblos, con el objetivo de recopilar los cuentos populares que se explicaban durante los filandones. “La gente siempre cantaba romances, el romancero español es tan rico porque de cualquier acontecimiento se hacía un romance”, explica.

Además, como apéndice a este trabajo de campo etnográfico en el que recoge las historias e impresiones de la gente mayor, a la que define como “un libro abierto”, le ha llevado a planear la elaboración de un reportaje audiovisual sobre la evolución histórica de los pueblos mineros del Bierzo. “Que sean los mayores los que cuenten su historia”, explica Evelio, que avanza que el proyecto implicará un trabajo intenso de montaje durante tres o cuatro meses.

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César Sánchez / ICAL

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César Sánchez / ICAL


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