Los 328 nombres que dieron origen a la ‘estirpe Verciana’ en el Nuevo Mundo desde el S.XVI al XVIII – INFO BIERZO

Los 328 nombres que dieron origen a la ‘estirpe Verciana’ en el Nuevo Mundo desde el S.XVI al XVIII

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El descubrimiento de América en 1492 abrió nuevas oportunidades y 328 bercianos emigraron al nuevo continente y a Filipinas entre el comienzo del siglo XVI y hasta el XVIII

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No es nada nuevo que El Bierzo se encuentra en una situación casi crítica en lo relativo a la economía y el empleo, una circunstancia que obligó a muchos de sus habitantes a ‘tomar las maletas’, pero esta frase viene desde muy antiguo, desde el descubrimiento mismo del ‘nuevo mundo’.

Y las causas no han variado mucho con el paso de los siglos, la ambición de nuevas tierras y expandir negocios, o las necesidades más básicas, en incluso el hambre, en hogares que no eran para nada ‘nucleares’ como los actuales. Hoy, en el siglo XXI,  la Comarca aún arrastra consecuencias de la crisis financiera en 2008, que se vio marcada irremediablemente por el fin de la minería o el cierre de la central térmica de Compostilla -sustentos básicos de la población en las últimas décadas-.

Estos ingredientes han sido caldo de cultivo para el éxodo de los bercianos fuera de nuestras fronteras en busca de una oportunidad (tal como indican las cifras relativas a la pérdida de población) pero esta situación se calca siglo a siglo. El descubrimiento de América fechado el 12 de octubre de 1492 abrió un abanico de posibilidades para los españoles en general y los bercianos en particular, en este caso. En concreto, desde el comienzo del siglo XVI y hasta el XVIII, constan 328 emigrantes nacidos en la Comarca que viajaron al citado ‘nuevo continente’ y a Filipinas por razones principalmente de empleo o religiosas, según recoge el Archivo de Indias. Funcionarios acompañados de sus criados encargados del funcionamiento de las colonias, frailes con el objetivo de evangelizar a la población americana, colonizadores, agricultores o comerciantes formaban parte de estos emigrantes.

Durante varias décadas, a partir del descubrimiento de América, los viajes trasatlánticos tuvieron como propósito la exploración, la conquista o el comercio. La organización y el progresivo asentamiento de los dominios españoles y portugueses en el Nuevo Mundo fueron haciendo necesario el trasporte de pasajeros en pequeñas naves poco aptas para viajeros. No sería hasta el siglo XIX, con la construcción de los barcos de vapor, que los viajeros dejasen de ser un añadido, un poco fastidioso, a viajes que tenían otros propósitos, principalmente comerciales.

El móvil principal de la población emigrante fue el trabajo. Miles de funcionarios viajaron hasta América para desempeñar diversos cargos que garantizaran el buen funcionamiento de las colonias, arrastrando tras de si gran número de criados. Otro motivo fue el religioso. Por lo general se trataba de frailes de diversas congregaciones que viajaban para cumplir sus tareas evangelizadoras y auxiliadoras para con los necesitados. No nos olvidemos de conquistadores y colonizadores, sin los cuales no hubiese sido posible el asentamiento en varios territorios. Comerciantes, y por supuesto, hombres en busca de fortuna y una vida mejor.

 

De sangre limpia y cristiano viejo…

Emigrar no era fácil en lo que a lo administrativo se refiere. No podía emigrar quien quisiese, había que cumplir una larga serie de requisitos. Entre ellos Pertenecer y/o ser súbdito de la Corona. Ser “limpio de sangre”. Ser cristiano viejo. No tener impedimento matrimonial para viajar.

En algunos casos, si el hombre era casado, debía de aportar una licencia de su esposa, la cual le conminaría a regresar con ella y no abandonarla o bien, “llamarla” desde Indias para reunirse. Es el caso de Blas Fernández, natural de Espinareda, que en 1766 acompañaría al Marqués de Croix, Virrey de Nueva España y que acompaña licencia de su mujer para poder viajar.

Una vez cumplidos estos requisitos, previamente avalados por testigos de plena confianza de la villa natal del emigrante y hechas las diligencias necesarias en la Casa de Contratación, se le concedía la licencia. Ésta era expedida por el Rey, el Presidente o jueces de la Casa de Contratación. Tenía validez por dos años. Se expedían a título individual o colectivo y en ella figuraban las señas personales del pasajeros.

 

Origen y destino de los emigrantes

En comparación con otras regiones españoles (tal como recoge en su investigación para la Universidad de León Alexandra Rodera), la cifra de bercianos emigrantes no fue elevada, pero no por ello deja de ser significativa. 

Los archivos recogidos durante esos siglos, con la información detallada de cada persona emigrante, ha permitido recoger en un índice los nombres de 328 bercianos que viajaron a América o Filipinas. Ponferrada, Villafranca, Bembibre o Cacabelos fueron las poblaciones de las que partió el mayor número de personas, aunque desde casi todos los puntos del Bierzo (integrantes hoy en día aunque durante los citados siglos perteneciesen a otras jurisdicciones vecinas como Galicia o Asturias) constan emigrantes. Además, destacan algunas personalidades relevantes de la época que ‘engrosaban’ las listas viajando acompañados de sus familiares y empleados domésticos. 

Lógicamente, las poblaciones con mayor número de habitantes y serán también las mayores proveedoras de emigrantes, como es el caso de Ponferrada (88) y Villafranca (52), seguidas muy de lejos por Bembibre (10), Cacabelos (10) Los Barrios (8) o Fuentesnuevas (8). No deja de ser significativa la influencia del gobernador Lope García de Castro, que pasó nada más y nada menos que con 27 acompañantes entre familia y criados, lo que supuso un “gran” movimiento emigratorio en pueblos del valle de Valdueza o San Pedro Castañero.

Todos ellos, además, han dado origen a una estirpe de ‘bercianos’ de origen en países como Argentina, México, Chile, Venezuela o Cuba. Muchos lo desconocen, otros empiezan a buscar en sus raíces y toda esta descendencia y miles de ciudadanos actuales de estos países, ahondan en El Bierzo, en sus pobladores que partieron en busca de una vida mejor. La vida, en muchos casos, ha puesto el rumbo de aquel barco de vuelta, y sin saberlo muchos descendientes están haciendo el viaje contrario, también como en aquellos siglos, en busca de una vida mejor.

Emigrantes bercianos a América y Filipinas, siglos XVI y XVIII


 

Las profesiones, e ilustres bercianos del Nuevo Mundo

La investigación de Alexandra Rodera llega a detallar una serie de nombres y cargos de Vercianos (del Vierzo así llamado entonces) que ocuparon labores y puestos fundamentales para la Corona en las colonias:

 

Funcionarios

El descubrimiento de América supuso la anexión de unos nuevos territorios que había que gobernar desde España. La mano del Rey y su gabinete pronto tuvo que delegar en un amplio funcionariado que le representase en las colonias. El papel en este caso de nuestros personajes es escaso, tan sólo 16 (5%) ocupan tales cargos. El más representativo sería Antonio Olaguer Feliú, nacido en Villafranca accidentalmente, pues sus padres estaban de paso, y que sería Virrey Interino de la Plata (1797-99). Este mismo figura como gobernador de Montevideo (1789-1797). Gobernadores también lo fueron Lope García de Castro, nacido en Villanueva de Valdueza y Presidente de la Real Audiencia de Lima (1564-1569), Mateo López de Cangas, nacido en Villafranca y Gobernador de Cuba (1717-1723). Juan Antonio de la Carrera, nacido en Villar de los Barrios, fue alguacil de Riobamba, corregidor de Ambato y finalmente Gobernador de Cuenca, Ecuador (1784-1787).

De la misma ciudad fue gobernador interino (1792, 1793, 1803, 1805, 1812, 1817) Juan López Tormaleo, natural de Campelo, a la vez que ejerció como Teniente Asesor de Gobierno (1792-1818). Otros funcionarios relevantes serían: Pedro López de Armesto de Villanueva de Valdueza, que fue procurador de la Real Audiencia de Charcas, en Bolivia (1560 -¿?). Francisco Arias, de Corporales, viajó como Familiar del Santo Oficio a Cartagena (1615) y Juan de Armesto, de Villafranca como Fiscal de la Inquisición a México (1624). Francisco Prada de Almázcara, Fiscal de la Audiencia de Santo Domingo (1627 – ¿?). Juan Valcarce, natural de algún lugar de El Bierzo que fue alcalde en México (1624). Antonio Osorio y Barba de Villafranca, que fue Alcalde de Nexapa en México (1704). Gaspar Sánchez Bernardo de Quirós, de Ponferrada, primero fue Alguacil (1705-1710) y posteriormente regidor de Manila (1710).

Gregorio Blanco de Laisequilla, natural de Ponferrada, Oidor de la Real Audiencia de Chile (1744-1772). Francisco Antonio de la Carrera y Valcarce, de Salas de los Barrios y sobrino de Juan Antonio de la Carrera; colaboró en la fundación de Santa Rosa de los Andes de la que fue intendente interino (1798); ocupó varios cargos políticos siendo nombrado en 1800 alcalde de la Audiencia de Chile. Religiosos Ganancia económica y/o ascenso social parece ser para la mayoría de los emigrantes, el móvil que les decidió a cruzar el Atlántico. Sólo un grupo marchó con propósitos diferentes, al menos en teoría, fue el caso de los religiosos.

Agricultura

Este sector es específico de finales del siglo XVIII, teniendo su destino principal en el Sur de la Patagonia y Paraguay. Son 16 personas las que pasan, 15 hombres y una mujer viuda, que como tal era la cabeza de familia. Fue un operativo especial para poblar esta región prácticamente deshabitada al estilo de la conquista del Oeste americana. En total, junto con los cabeza de familia, pasaron 34 personas.

Criados

El sector más numeroso sin duda. Supone el 22% del volumen total de la población emigrada. En muchos casos acompañaron a funcionarios como Lope García de Castro, o figuras como el cuarto virrey de Nueva España, Martín Enríquez de Almanza (1568-1580) o el vigésimo nono virrey de Nueva España, Melchor Portocarrero (1686-1688). Los criados de funcionarios supusieron el 58% de los criados. El resto acompañaba a los religiosos (15%) o pertenecían al servicio de familias o licenciados (27%). En el caso de los 27 criados que acompañaron a Lope García de Castro, supuso acompañarle desde su tierra, pero la mayoría, se desplazaban hasta Sevilla o Cádiz, esperando que algún personaje influyente los tomase a su servicio y les pagara el pasaje para poder empezar la “aventura de Indias”. En algunos casos tenemos constancia de criados que hicieron fortuna como Martín de Barrientos, que había acompañado a Lope García de Castro y amasó una gran fortuna, mandando fundar una capellanía en Bembibre.

Militares

Suponen el 2%. Francisco de Puga, de Villafranca, era Maestre de Campo y falleció en la Mar del Sur en 1670. Antonio Fernández Quindós, de Fresnedelo, con grado de Capitán, fue Ayudante Mayor de la Plaza de Panamá (1734) y después pasaría a Perú en 1750. Juan Francisco Pestaña y Chumacero, de Cacabelos, fue Primer Teniente de Guardias Españolas de Infantería en Perú (1753) y llegó a ser Presidente de la Audiencia de Charcas. Y los ya citados Gregorio Blanco de Laisequilla y Antonio Olaguer Feliú Conquistadores y expedicionarios Representan una cifra importante para el siglo XVI, nada menos que 26 hombres que emprendieron la conquista americana. Primaron las expediciones a las Antillas, Nuevo México y Perú; acompañando a personajes tan relevantes como Juan del Junco, Belalcázar, Hernando Pizarro o Juan de Oñate. Parece extraño que esta gente de “tierra adentro” participase de estas tareas sin haber visto el mar, pero el deseo de fortuna, sin duda, primaba.

Mercaderes y comerciantes

Al igual que en el caso de los conquistadores extraña que se dedicasen al comercio marítimo hombres lejanos al mar, pero es perfectamente comprensible, porque, si bien nacidos en nuestra tierra, muchos eran vecinos de Cádiz. La mayoría pasaron en más de una ocasión junto con sus mercaderías, tal fue el caso de José de Losada, de Villafranca, pasó en 1704 a Florida y en 1707 a Cuba. José Díaz de Guitián, de Villafranca, pasó al menos dos veces, en 1720 y 1729.

Francisco Mallo, de Fuentesnuevas, que pasó en tres ocasiones a Veracruz (1750, 1752 y 1756) y que donó 5000 pesos para sostenimiento de al escuela de su pueblo. Juan Antonio Morán, pasa en dos ocasiones, la primera en 1720 y la segunda en 1723. Fernando Diez Negro de la Calzada, natural de Páramo del Sil, hizo una gran fortuna con el comercio de paños, volviendo en 1791 a su pueblo natal, donde compra el cargo de corregidor, y dejando a su muerte 161.466 reales en herencia a su mujer. Con esta herencia se instituiría una capellanía en la cual el capellán estaba obligado a dar clase gratuita a los niños del pueblo desde noviembre a marzo. Antonio del Valle, otro comerciante de paños, natural de Corullón, que al regresar a su tierra lo hace con cierta fortuna. Se instalaría en Madrid, desde donde fundó en la iglesia de San Esteban de Corullón, una capellanía de misas y una obra para la dotación de huérfanas de 50 ducados por boda.

 

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