Los viajes del ‘descubridor’ Álvaro de Mendaña, el berciano ‘adelantado’ que surcó el Pacífico hace 450 años – INFO BIERZO
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Los viajes del ‘descubridor’ Álvaro de Mendaña, el berciano ‘adelantado’ que surcó el Pacífico hace 450 años

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Hubo un berciano que escribió su nombre junto al de los más grandes viajeros y exploradores de la historia. Inglaterra tuvo a su famoso capitán James Cook a la conquista del Pacífico Sur y nosotros, dos siglos antes, a Álvaro de Mendaña, quien descubrió para la Corona española las islas Salomón hace 450 años. Este […]

Vanessa Silván / Gráficos Dativo Rodríguez
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Hubo un berciano que escribió su nombre junto al de los más grandes viajeros y exploradores de la historia. Inglaterra tuvo a su famoso capitán James Cook a la conquista del Pacífico Sur y nosotros, dos siglos antes, a Álvaro de Mendaña, quien descubrió para la Corona española las islas Salomón hace 450 años.

Este aventurero, nacido en Congosto el 1 de octubre de 1542, pertenecía a la pequeña nobleza y estaba vinculado a los linajes de Mendaña y de Neira, según recoge en su árbol genealógico el historiador Vicente Fernández Vázquez ‘Tito’, que habrían llegado al Bierzo para ponerse al servicio del Conde de Lemos. Con apenas 21 años se convirtió en uno de los 400 bercianos que cruzaron el Atlántico en el siglo XVI para aprovechar las oportunidades que ofrecía el Nuevo Mundo, embarcando junto al hermano de su madre, Lope García de Castro, que tenía que hacerse cargo de la Presidencia de la Real Audiencia de Lima y la Gobernación del Perú.

“Álvaro Rodríguez de Mendaña, natural de Congosto, soltero, hijo de Hernán Rodríguez y de Isabel de Neyra, al Perú, como criado del licenciado Castro”, recoge el Libro de Asientos de Pasajeros -en el que se registraban los nombres de los que pasaban a las Indias- en 1563, con un informe de la Casa de Contratación que dice que es “de buenas costumbres de vida y fama de buen cristiano temeroso de Dios”. “Es un mancebo bien dispuesto que aún ahora le comienza a apuntar la barba y tiene el rostro algo rubio y en las manos tiene algunas pecas”.

Ese viaje cambiará radicalmente su vida y más a partir de 1567, cuando García de Castro organice la primera expedición española al Pacífico y ponga al frente a su sobrino, un Álvaro de Mendaña de apenas 25 años. “Por tener noticia como se tienen, de las islas que se llaman Salomón y por echar parte de la gente haragana que anda en este reino envío a Álvaro de Mendaña, mi sobrino, con ciertos hombres al descubrimiento de ellas. Lleva los mejores pilotos que hay en este mar y va con él gente armada”, escribe el gobernador.

Ilustración de Álvaro de Mendaña, ‘adelantado’ del Pacífico.

 

Primer viaje (1567-1569)

El viaje que Álvaro de Mendaña emprendió el 20 de noviembre de 1567 desde el Callao (puerto de Lima) tenía como objetivo inicial llegar a Nueva Guinea y era el primero que se realizaba desde el gran descubrimiento del Tornaviaje –una ruta segura para regresar de Asia a América, salvando los vientos y las corrientes en contra-. Era una expedición importante. La aventura arrancó con unos 150 hombres y dos navíos, la nao almiranta Todos los Santos y la nao capitana Los Reyes, desde la que el berciano dirigía la incursión en las desconocidas aguas del Pacífico Sur.

Pasaron dos largos meses hasta que avistaron de nuevo tierra a su frente -era Jesús (Nui), una de las islas Tuvalu- y el 7 de febrero de 1568 por fin pusieron sus pies sobre las islas Salomón, en concreto la isla Santa Isabel. “Mendaña quedó en ella seis meses, durante los que encargó a su piloto mayor, Hernán Gallego, que llevara a cabo la exploración sistemática del archipiélago, gracias a la construcción en el mismo sitio de un barco de poco calado: los tres viajes de dicho bergantín permitieron el descubrimiento de más de 20 islas”, cuenta la profesora de la Universidad de Tahití, Annie Baert, en uno de sus artículos en la ‘Revista del Pacífico’.

Entre ellas se encontraba la isla de Guadalcanal donde hallaron un río aurífero y donde Mendaña consideró que se debía fundar la primera ciudad en aquellas latitudes. Allí se trasladaron, pero no fueron bien recibidos por las tribus indígenas, y decidió bautizar a esas tierras como ‘Islas de Salomón’, aunque al final nunca encontraron oro. Tras meses de expedición, los enfrentamientos del berciano con Pedro Sarmiento de Gamboa –de quien había partido la idea inicial del viaje, a cuyo frente después se puso a Álvaro- se intensificaron.

Algo que destacan María del Carmen Martínez y Jesús Paniagua en su estudio publicado en la revista ‘Astorica’. “El enfrentamiento entre los altos cargos del viaje hizo las cosas muy difíciles y acrecentaron las desconfianzas de unos para con otros […] Todos querían arrogarse los nuevos descubrimientos que se hiciesen”, escriben. Así, mientras el berciano planeaba el regreso a América, el gallego quería continuar con los descubrimientos. Venció el primero y el 17 de agosto de 1568 levaron anclas para iniciar una penosa travesía, en la que descubrieron otras dos islas (Baxos de San Bartolomé y San Francisco) antes de atracar en la costa de México el 23 de enero de 1569. Por el mal estado de las naves, pasaron meses hasta que pudieron completar su viaje hasta regresar a su punto de partida, el puerto de Callao en Lima, el 22 de junio de 1569.

Ubicación de las islas Salomón en el Pacífico Sur.

 

Segundo viaje (1595-1596)

Tuvieron que pasar más de 25 años hasta que Álvaro de Mendaña pudiera continuar con sus descubrimientos e intentar cumplir su sueño de establecer una colonia española en las islas Salomón, algo que había descartado en la primera expedición. No fue fácil conseguir el apoyo necesario para organizar ese segundo viaje. Hicieron falta duras y largas gestiones y la influencia de su mujer, Isabel de Barreto, que fue decisiva para conseguir el patrocinio del nuevo virrey del Perú, García Hurtado de Mendoza, marqués de Cañete.

Para esta aventura, el explorador berciano reclutó a más de 400 personas, entre las que había mujeres y niños, y se hizo con cuatro barcos: San Gerónimo (capitana), Santa Isabel (almiranta), San Felipe (galeota) y Santa Catalina (fragata). Junto a él, como piloto mayor, Pedro Fernández de Quirós, que años más tarde tomaría su testigo y encabezaría una tercera expedición española en el Pacífico. Zarparon de nuevo del Callao el 7 de abril de 1595 e hicieron escala en varios puertos de la costa peruana para completar el abastecimiento para echarse finalmente al mar el 16 de junio.

Apenas un mes después, el 21 de julio, llegan a unas nuevas islas que no eran las Salomón que estaban buscando. Las llama islas Marquesas de Mendoza, en un guiño al virrey del Perú, el marqués de Cañete, que le ha respaldado en su empresa. Se quedan allí un par de semanas para explorar el archipiélago y descubrir nuevas islas -Magdalena (Fatu Hiva), Dominica (Hiva Oa), Santa Cristina (Tahuata) y San Pedro (Moho Tani)-. Una de las novedades de esta expedición era la presencia femenina –entre la que destacaba la de la mujer de Mendaña, Isabel de Barreto-, que se tradujo en 15 nuevos matrimonios durante la travesía.

Siguieron adelante y avistaron otras islas, pero las buscadas Salomón no aparecían, mientras el descontento aumentaba y el agua y los víveres empezaban a escasear. Entonces, lo inesperado, la nao almirante desapareció y las tres naves restantes siguieron adelante hasta recalar en la isla de Santa Cruz. “Aunque comprobaron, de nuevo, que no eran propiamente las islas de Salomón, los españoles decidieron instalarse allí y construir un pueblo en la ribera”, escribe Annie Baert.

En bahía Graciosa se quedaron sólo un par de meses y es que, aunque los indígenas les recibieron bien, “algunos españoles no supieron corresponder a la hospitalidad y mataron al cacique”. Fue un periodo marcado por crímenes, tentativas de rebelión y la muerte por malaria del propio Mendaña, el 18 de octubre de 1595, con 53 años y después de ajusticiar a los dos cabecillas de una rebelión dirigida contra él. Había perdido el control.

Retrato de Isabel de Barreto.

 

Isabel de Barreto, la primera mujer almirante

A su muerte, Isabel de Barreto se `puso al frente de la expedición, convirtiéndose en la primera mujer almirante de la historia de la navegación. “Ella acogió felizmente el deseo de muchos expedicionarios para regresar de nuevo al Perú y abandonar aquellas latitudes”, recoge el artículo de Martínez y Paniagua. Antes salió a buscar la nao almiranta desaparecida. Los esfuerzos fueron inútiles y decidió abandonar la colonia y poner rumbo a Filipinas, donde podrían abastecerse, reclutar nuevos colonos y regresar después a Santa Cruz.

Isabel ordenó desenterrar el cuerpo de Mendaña y embarcarlo en la fragata para comenzar el viaje hacia Manila, donde “demostró su ineficacia para dirigir la expedición, cometiendo todo tipo de arbitrariedades y desmanes, que mantuvieron descontentos a la tripulación y al propio Quirós”. Y es que las penurias no se iban a acabar ahí. El 10 de diciembre perdían de vista a la galeota San Felipe. Desaparecida. Una semana después ocurría lo mismo a la fragata Santa Catalina. La nave capitana se había quedado sola en medio del océano. Alcanzó la bahía de Manila el 11 de febrero de 1596.

Annie Baert cuenta que Isabel que quedó en Manila un par de meses, donde se casó con el sobrino del gobernador, Fernando de Castro, quien se encargó de arreglar el navío y abastecerlo para volver a echarlo al mar y finalizar el viaje de regreso en Acapulco, donde se instalaron provisionalmente. Pedro Fernández de Quirós, que no estaba de acuerdo con el abandono de la expedición, fue directamente a Perú, donde empezó a buscar los apoyos necesarios para continuar con el legado de Álvaro de Mendaña. Y lo conseguiría, encabezando una tercera expedición en 1605.

 

Berciano sí

Durante un tiempo se creyó en el origen gallego de Álvaro de Mendaña, pero una serie de documentos apoyan ahora su origen berciano, concretamente en Congosto. Habiendo constancia del establecimiento de los primeros Mendaña en el Bierzo en el siglo XV, en su primera salida de España en 1563 le inscriben como Álvaro Rodríguez de Mendaña y ya señalan Congosto como su lugar de nacimiento. Unos años después, en su segunda salida en 1576, ya aparece como Álvaro de Mendaña, natural de Congosto y con destino a las islas de Salomón, como “general de expedición”.

“Hoy por tanto ya podemos afirmar con certeza que don Álvaro había venido al mundo en la localidad berciana de Congosto, ya que su segunda ida a América se inscribió en el registro de pasajeros, en 1576, como natural de ese lugar”, confirmaban hace 25 años los estudiosos María del Carmen Martínez y Jesús Paniagua, que resaltan la importancia de este hombre, a la altura de otros grandes descubridores. Y es que tuvieron que pasar 200 años para que Europa volviera mirar hacia el Pacífico, un testigo que en ese momento cogieron los ingleses.

Para el historiador Vicente Fernández Vázquez es “sin lugar a dudas uno de los personajes que más contribuyeron al conocimiento del Pacífico del Sur en Europa”, formando parte de la “pléyade de los grandes exploradores” que a lo largo del siglo XVI, partiendo de las costas del virreinato del Perú y de Nueva España, contribuyeron a explorar y conocer las aguas del Pacífico, a poblar y colonizar las tierras que bañan sus aguas.

Las Islas Salomón en la actualidad, con sus nueve provincias.
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