Zorrilla y las últimas páginas desde aquel centro de Ponferrada: 70 años de ‘vuelta al cole’ y una generación final

La historia del establecimiento comenzó en 1953 como imprenta y, cinco años después, se transformó en librería. Pilar Mingarro, actual responsable del negocio, anticipa que su jubilación supondrá el cierre por falta de relevo generacional

26 de Septiembre de 2026
Actualizado: 26 de Septiembre de 2026 a las 11:37
https://youtu.be/nuAbuv8i-4E

Hay comercios que venden productos y otros que custodian la memoria de una ciudad. La Librería Zorrilla pertenece a ese segundo grupo. Desde su pequeño local de Ponferrada ha visto pasar durante más de siete décadas a varias generaciones de bercianos, ha conocido los años de esplendor del comercio tradicional y ha sobrevivido a la llegada de las grandes superficies, las plataformas digitales y los libros electrónicos: también al desembarco del centro comercial. 

Su historia comenzó en 1953 de la mano de Luis Suárez Zorrilla. Su apellido acabó dando nombre a un establecimiento que inicialmente no abrió como librería, sino como imprenta. Esa actividad se mantuvo durante aproximadamente cinco años, hasta que el negocio dio paso definitivamente a los libros y al material escolar.  "Mi suegro se apellidaba Zorrilla y por eso le puso este nombre a la librería. Aquí estamos desde entonces", explica Pilar Mingarro, quien actualmente permanece al frente del establecimiento.  

Apenas ha cambiado su fachada y tampoco lo ha hecho ese aire de comercio de otra época que recibe al cliente nada más cruzar la puerta. Ni siquiera en sus primeros años el local era grande. "Era bastante más pequeño de lo que es ahora, y eso que ahora ya es pequeño", recuerda Javier Suárez Zorrilla, hijo del fundador. 

Librería Zorrilla (6)

 

Librería Zorrilla (1)

 

Cuando los pueblos bajaban al mercado

 

Los primeros años de la librería coincidieron con una época de gran actividad comercial en el centro de Ponferrada. Los días de mercado atraían a numerosos vecinos de los pueblos de la comarca, especialmente de las localidades mineras, que aprovechaban el viaje para realizar sus compras. 

La Librería Zorrilla se convirtió entonces en una parada habitual. En una sola mañana podía llegar a ingresar alrededor de 65.000 pesetas, una cantidad máss que considerable para la época, especialmente si se tiene en cuenta que, según recuerda Javier Suárez Zorrilla, entonces podía comprarse un piso por unas 120.000 pesetas. 

Eran tiempos en los que las librerías ocupaban un lugar central en la vida de los barrios. No existían grandes superficies ni centros comerciales capaces de competir con aquellos pequeños negocios. El fundador llegó a resumir aquella prosperidad con una frase que todavía conserva su familia: "Podemos tirar las llaves al pantano". 

Cuadernos, plumieres, cartabones, pinturas y rotuladores llenaban los estantes y se convertían cada Navidad en algunos de los regalos más buscados. El día de Reyes era una de las jornadas más intensas. La librería abría por la mañana y podía permanecer atendiendo clientes hasta las diez u once de la noche, sin cerrar siquiera para comer. La familia se turnaba para acercarse al cercano bar La Barraca mientras el negocio continuaba abierto de manera ininterrumpida. 

Fotos de la Librería Zorrilla 

 

Fotos de la Librería Zorrilla en sus primeros años 

 

Javier Suárez Zorrilla conserva especialmente el recuerdo del doctor Bacariza padre de una familia numerosa. Cada víspera de Reyes llamaba a última hora para preguntar cuándo se había vaciado el establecimiento. Entonces bajaba con tranquilidad y compraba los regalos para sus doce o trece hijos. Habitualmente era él quien protagonizaba la última venta de la jornada. 

Son escenas que reflejan una relación entre comerciantes y clientes difícil de encontrar actualmente. "Era una clientela mucho más familiar. Esas cosas ya no existen", lamenta.

 

Una librería convertida en lugar de encuentro

 

Zorrilla no fue únicamente un lugar al que acudir para comprar. Entre sus estanterías también se hablaba de la actualidad de Ponferrada, de la vida diaria y como no podía ser de otra forma, de fútbol.

Los lunes, el establecimiento se transformaba en una improvisada tertulia en la que clientes, comerciantes y conocidos comentaban los resultados de la jornada. Mientras unos buscaban un libro o compraban material escolar, otros prolongaban la conversación alrededor del mostrador. 

Aquellos vínculos forman parte de la esencia que Pilar Mingarro continúa defendiendo. Llegó a la librería recién casada y lleva cerca de 45 años atendiendo al negocio. 

Fotografías Librería Zorrilla 

 

"Una librería de toda la vida te da, sobre todo, confianza y consejo. Conoces a tus clientes, sabes sus gustos y puedes asesorarlos. El trato personal está por medio, no está todo mecanizado como cuando se compra a través del móvil" señala.

Ese trato cercano le ha permitido ver crecer a sus clientes. Muchos entraron por primera vez cuando apenas levantaban unos palmos del suelo y ahora regresan acompañados por sus hijos. 

"Yo empecé recién casada y ahora soy abuela. Lo más gratificante es ver que quienes venían siendo unos cominos regresan con sus hijos. Muchos trabajan fuera y, cuando vuelven, les hace ilusión comprobar que la librería sigue aquí", relata.

 

Los últimos románticos del papel

 

La aparición de nuevas formas de consumo ha cambiado por completo el sector. Pilar Mingarro admite que las librerías tradicionales se han convertido casi en una especie en extinción. "Yo digo que somos como los dinosaurios, pero aquí estamos, luchando", afirma.

Sin embargo, en plena era digital, el papel continúa ofreciendo pequeñas sorpresas. Después de casi 45 años como librera, Pilar asegura que actualmente tiene algunos de los mejores lectores que han pasado por el establecimiento.

"Tengo ahora al mejor cliente de libros en papel que he tenido nunca y también a otros tres o cuatro grandes clientes. Parece algo anecdótico, pero es así. Quizá todavía quedamos muchos románticos del papel", reconoce. 

Una circunstancia que ella misma contempla con asombro al comparar el presente con aquellos años en los que no existían tantas alternativas de ocio. "Antes no había tanto cine, teléfonos ni todo lo que tenemos ahora y, sin embargo, mis mejores clientes de libros los tengo en este momento. Si no lo veo, no lo creo", confiesa. 

Fotos de la Librería Zorrilla en sus primeros años 

 

Parte de la personalidad de la Librería Zorrilla reside en su singular fachada. Su aspecto apenas ha variado desde los primeros años del establecimiento. Fue realizada mediante una técnica de cemento trabajado que le concedió una apariencia característica y reconocible.

Durante décadas existió la posibilidad de que se edificara en el solar, propiedad de Martínez Núñez, y la familia siempre convivió con la idea de que tendría que abandonar el local. Ante esa incertidumbre, nunca se planteó realizar una reforma profunda. La construcción finalmente no llegó y la fachada permaneció prácticamente intacta, convertida con el paso del tiempo en una seña de identidad del comercio.

También el interior conserva el ambiente propio de las librerías tradicionales, con los libros, el material escolar y el mostrador como testigos de innumerables conversaciones.

 

El último capítulo de Zorrilla

 

El futuro del establecimiento, sin embargo, ya parece escrito. Javier Suárez Zorrilla está jubilado y Pilar Mingarro es quien mantiene actualmente el negocio. Sus hijos han orientado sus carreras profesionales hacia ámbitos alejados del mundo de los libros y no habrá una nueva generación que tome el relevo.  

Librería Zorrilla (8)

 

Librería Zorrilla (7)

 

Cuando Pilar se jubile, previsiblemente dentro de unos años, la Librería Zorrilla cerrará definitivamente sus puertas. "Mis hijos tienen cada uno su vida, así que cuando yo me jubile esto cerrará", reconoce.

Atrás quedarán más de 70 años de actividad repartidos entre dos siglos y una parte importante de la memoria comercial y sentimental de Ponferrada.

"Son dos siglos funcionando, muchas vidas y, sobre todo, muchos afectos encontrados. La vida va pasando, pero conoces a mucha gente, te saluda mucha gente y eso es lo más gratificante de un trabajo", resume Pilar. 

Hasta que llegue ese momento, la Librería Zorrilla continuará resistiendo detrás de su fachada de siempre. Lo hará recomendando lecturas, atendiendo a quienes regresan de fuera y recibiendo a hijos y nietos de aquellos primeros clientes. Como uno de esos libros que uno se resiste a terminar porque sabe que, al pasar la última página, también concluirá una historia irrepetible. 

 

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