El 30% de los coches en circulación en la provincia de León todavía carecen de cualquier distintivo medioambiental

A pesar de las nuevas normativas, zonas de bajas emisiones, así como el enfoque productivo de la industria automovilística hacia coches 'eco', de bajas emisiones en gasolina, eléctricos o híbridos; el parque automovilístico de la provincia se resiste al

25 de Abril de 2026
Actualizado: 25 de Abril de 2026 a las 11:52
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A pesar de las nuevas normativas, zonas de bajas emisiones, así como el enfoque productivo de la industria automovilística hacia coches 'eco', de bajas emisiones en gasolina, eléctricos o híbridos; a pesar de ello, el parque automovilístico de la provincia de León, se resiste al cambio.
De hecho, de los 271.647 turismos en circulación y registrados en la provincia leonesa, -casi un 2% más respecto al lustro anterior-, aún 86.419 coches no presentan ningún distintivo medioambiental. Es decir, son 3 de cada 10 y es la provincia con más vehículos sin etiquetado de Castilla y León.

Por provincias, la que presenta más turismos sin distintivos es León, con 86.419, por delante de Valladolid (63.828), Burgos (54.053) y Salamanca (54.040). En el extremo opuesto se sitúa Soria con 15.329, seguida de Palencia (29.282), Segovia (29.336), Ávila (30.432) y Zamora (36.395). Por el contrario, la provincia con más turismos cero es Valladolid, con 5.239, seguida de León (3.016), Burgos (2.778), Salamanca (2.238), Segovia (1.270), Ávila (1.120), Palencia (960), Zamora (872) y Soria (579).

En el conjunto de la Comunidad Autónoma, según datos de la Dirección General de Tráfico (DGT) correspondientes al pasado año, solo el 1,3 por ciento de los turismos (18.072) dispone de etiqueta Cero, la de color azul, que identifica a los vehículos más eficientes: los eléctricos y los híbridos enchufables, mientras que el 5,7 por ciento (79.152) disponen de la Eco, que corresponde a vehículos de gas, híbridos o ambos.

Tras los turismos sin distintivos, el grupo más numeroso corresponde a los que portan la etiqueta B -de color amarillo-, que incluye a coches y furgonetas de gasolina matriculados desde enero de 2001, y los de diésel matriculados a partir de enero de 2006, que suman 455.095 (33 por ciento). Con la etiqueta C -de color verde-, que incluye los motores de gasolina matriculados después de enero de 2006, y los de diésel matriculados después de enero de 2015, figuran en la Comunidad 428.909, el 31,1 por ciento.

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La situación en Castilla y León, con uno de los parques móviles más envejecidos de toda España, es peor que en el conjunto del país, donde el 20,3 por ciento no tienen distintivo, el 2,5 por ciento cuenta con la etiqueta Cero, el 8,6 por ciento con la Eco, el 28,7 por ciento con la B y el 39,89 con la C.

Como es lógico, en los últimos cinco años la evolución en favor de los turismo ‘más limpios’ ha sido notable, tanto en Castilla y León como en el conjunto de España. En el caso de la Comunidad, el número de coches con etiqueta Cero casi se ha multiplicado por seis al pasar de 3.144 a 18.072, mientras que los Eco se han multiplicado por tres, de algo menos de 26.000 a más de 79.000. Al mismo tiempo, lo coches sin distintivos han caído un 20,2 por ciento de algo más de medio millón a casi 400.000.

 

Posibilidad de modificar el etiquetado

Aunque desde el Gobierno estaba anunciada la posibilidad de modificar el etiquetado medioambiental de los automóviles, esta se esfumó después de que el Congreso tumbara la propuesta del Gobierno incluida en la Ley de Movilidad Sostenible. Al menos por ahora, la etiqueta B se mantiene sin modificación. No obstante, está claro que los vehículos con etiqueta B cada vez tendrán muchas más restricciones de acceso y circulación dentro de las Zonas de Bajas Emisiones. Por ejemplo, en Barcelona tendrán prohibido a partir de 2028 entrar dentro de la ZBE salvo que cumplan con alguna de las excepciones anunciadas por la Generalitat.

Frente a esta situación, varias asociaciones de consumidores y expertos en movilidad han señalado que, aunque la medida no salga adelante, es necesario que se revisen las etiquetas periódicamente. La tecnología y las emisiones cambian rápido, y mantener un sistema que no refleja la realidad puede provocar distorsiones en el mercado y en la percepción pública de ciertos vehículos.