Un estudio de la Universidad de León cifra en 88.801 las hectáreas calcinadas dentro de espacios protegidos hasta el 24 de agosto. Los investigadores también han desarrollado una herramienta basada en inteligencia artificial para anticipar condiciones favorables para comportamientos extremos del fuego.
Cerca del 30% de la superficie quemada en España durante 2026 se encuentra dentro de algún espacio natural protegido. Así lo revela un análisis elaborado por investigadores de la Universidad de León, según el cual las llamas han afectado a 88.801 hectáreas protegidas de las aproximadamente 297.633 calcinadas en el conjunto del país hasta el 24 de agosto.
El trabajo, desarrollado por Leonor Calvo y José Manuel Fernández Guisuraga, integrantes del Grupo de Ecología Aplicada y Teledetección de la ULE, sitúa concretamente este porcentaje en el 29,84%. Para realizar el estudio, los investigadores superpusieron los perímetros de los incendios registrados durante la temporada con la cartografía de los espacios naturales protegidos.
Los parques naturales son la figura más afectada, con cerca de 40.000 hectáreas quemadas. Esta superficie representa aproximadamente el 45% de todo el terreno calcinado dentro de espacios protegidos y el 14,6% del total ardido en España.
Por su parte, los espacios integrados en la Red Natura 2000 acumulan alrededor de 25.560 hectáreas afectadas, cerca del 29% de la superficie quemada en áreas protegidas y el 9,3% de la registrada en el conjunto del país.
“El fuego no entiende de límites administrativos y un espacio natural protegido no está exento de sufrir un incendio de comportamiento extremo”, advierte Fernández Guisuraga. El investigador señala que la combinación de condiciones meteorológicas extremas, una elevada disponibilidad de combustible y la continuidad de la vegetación puede hacer que las llamas superen con facilidad los límites establecidos sobre el territorio.
El 80% del Valle de Iruelas, afectado
Uno de los casos más graves es el incendio de Navaluenga, iniciado en julio en la provincia de Ávila. Según los perímetros del Sistema Europeo de Información sobre Incendios Forestales, EFFIS, el fuego alcanzó unas 42.458 hectáreas y penetró en la Reserva Natural del Valle de Iruelas, uno de los enclaves de mayor valor ecológico del Sistema Central.
Las estimaciones realizadas después del incendio apuntan a que alrededor del 80% de la superficie de esta reserva natural resultó afectada por las llamas.
Los datos muestran, además, un incremento respecto al pasado año. En 2025, el 25,63% de la superficie quemada en España se encontraba dentro de espacios naturales protegidos, frente al 29,84% contabilizado hasta el 24 de agosto de 2026. Durante la temporada anterior, el fuego también alcanzó el Parque Nacional de los Picos de Europa desde el incendio originado en Barniedo de la Reina, en su vertiente leonesa.
Los investigadores subrayan que la protección jurídica de un territorio no determina por sí sola la intensidad o gravedad de un incendio. Su comportamiento depende principalmente de la meteorología, la cantidad y continuidad del combustible, el estado de la vegetación y las características del terreno.
Por ello, defienden que la conservación de estos espacios incorpore la prevención de grandes incendios y una gestión adaptada a cada territorio. Entre las posibles medidas citan el control de la biomasa, la recuperación de la ganadería extensiva y otros aprovechamientos tradicionales, las quemas prescritas cuando sean adecuadas y la conservación de paisajes que combinen bosques, matorrales, pastizales y zonas agrícolas.
Estas actuaciones deben acompañarse de una mayor coordinación entre administraciones, la participación de la población local, planes de autoprotección y un seguimiento científico de la respuesta de los ecosistemas, según destaca Fernández Guisuraga, profesor del Campus de Ponferrada.
Inteligencia artificial para anticipar el fuego extremo
Investigadores de las universidades de León y Valladolid, junto a la empresa tecnológica leonesa Vexiza, han desarrollado CROWNFIRE-AI, una herramienta destinada a identificar las zonas en las que existen condiciones favorables para que un incendio alcance las copas de los árboles y se propague a través del dosel forestal.
El sistema combina imágenes de satélite con información sobre la vegetación, el terreno y las condiciones meteorológicas. A partir de estos datos genera mapas que pueden ayudar a anticipar escenarios de mayor riesgo, orientar la vigilancia y mejorar la planificación preventiva.
Los responsables del estudio recuerdan que una hectárea quemada no equivale necesariamente a una hectárea ecológicamente destruida, ya que el fuego forma parte de la dinámica natural de numerosos ecosistemas mediterráneos y muchas especies pueden rebrotar o germinar después de un incendio.
El principal riesgo aparece cuando los fuegos son demasiado frecuentes o severos y superan la capacidad de recuperación de los ecosistemas. Por este motivo, consideran necesario analizar no solo cuántas hectáreas han ardido, sino también cómo lo han hecho, qué espacios se han visto afectados y cuál es su capacidad de regeneración.
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