Uno de los negocios más tradicionales de Ponferrada está cerca de cumplir 90 años. Y es que da la sensación de que la mercería Casa Brindis lleva toda una vida, porque ha puesto complementos y remiendos, a muchas generaciones de ponferradinos.
Casa Brindis es el negocio que mejor representa la evolución del comercio local desde aquella Ponferrada 'ciudad del dólar' hasta el letargo que actualmente inunda esta arteria de la capital berciana, en la avenida de La Puebla. Se cumplen 87 años de la apertura de esta “tienda de barrio”, como se refiere a ella su regente, Julio Álvarez, que es el comercio más antiguo que se mantiene abierto en Avenida de La Puebla.
La mercería fue fundada por su padre, Brindis Álvarez, en el año 1939 debido a “la necesidad que existía en Ponferrada”, asegura Julio. El propio Brindis se dio cuenta de esta necesidad cuando “le compró, en Zaragoza, dos medias a su novia que tenía en Santalla. Pero antes de dárselas, ya las había vendido. Entonces pensó: aquí hay negocio”.
Nacido en La Cabrera, Brindis se trasladó a la capital del Bierzo, “una Comarca afectada por la guerra, dejándola desabastecida”, y fue entonces cuando comenzó a vender agujas e hilos por los pueblos de la comarca hasta que, finalmente, consiguió abrir su mercería en “la casa en la que nació Luis del Olmo”, justo al lado de donde se ubica actualmente Casa Brindis.
InfoBierzo ya rescató hace unos años otra de las historias más emblemáticas del comercio tradicional ponferradino con motivo del 85 aniversario de la mercería Casa Brindis, considerada el negocio más antiguo que sigue abierto en la avenida de La Puebla.
Además, en los años 70, cuando muchos bercianos emigraron a Suiza, Brindis añadió a su inventario recuerdos españoles como muñecas de sevillana, figuras de toreros o abanicos, de los que todavía queda algún artículo en la tienda. Piezas que acompañaban a los bercianos de vuelta a sus lugares de trabajo y les ayudaban a sentirse más cerca de casa. Esto provocó un auge y la mercería llegó a contar con 4 empleados: Brindis, Julio y sus hermanas.
Cualquier ponferradino que haya entrado se habrá fijado en la caja registradora en la que Julio guarda el dinero. Un verdadero tesoro “de los que ya no quedan” y que tiene más años que la propia mercería ya que su padre la "compró de tercera mano".
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