Hace un siglo, el arquitecto y político Amós Salvador diseñó los proyectos que permitieron a decenas de pueblos del Bierzo y Laciana acceder a una educación. Muchos de estos edificios son todavía supervivientes de aquella gran escolarización del entorno rural berciano, y con arquitectura reconocible.

Las escuelas rurales abandonadas forman parte del paisaje actual de la mayoría de los pueblos. En los últimos años, muchas de ellas se han visto obligadas a cerrar debido a la falta de niños y al aumento de las ratios mínimas en el sistema educativo. Sin embargo, hace poco más de un siglo nacieron como fruto de la preocupación y el compromiso de un hombre que entendió la educación como una herramienta más para el cambio social en el Bierzo y Laciana. Ese hombre era Amós Salvador, un arquitecto y librepensador riojano que diseñó cerca de una treintena de edificios escolares en ambas comarcas leonesas.

En Laciana se levantaron nueve escuelas de acuerdo a los planos de Salvador, mientras que para el Bierzo redactó cerca de una veintena de proyectos en las zonas de Ponferrada y Folgoso de la Ribera, aunque no hay constancia del número exacto que consiguieron pasar del papel a la realidad, según explica el escritor Víctor del Reguero, autor del libro ‘Amós Salvador Carreras. Escenas Leonesas 1906-1931’.
En el Bierzo Alto, se crearon las de Boeza, Tremor de Abajo, El Valle, Tedejo, Rozuelo, Folgoso de la Ribera y La Ribera de Folgoso. En la zona de Ponferrada, en los pueblos de Campo, Columbrianos, Dehesas, Fuentesnuevas, Otero, Rimor, Ozuela, Montejos, San Lorenzo, Santo Tomás de las Ollas, Toral de Merayo, Valdecañada y Bárcena del Río, que quedó anegada por el pantano tras la construcción de la presa.

A estas se suma el colegio de Páramo del Sil, hecho en 1915 con la aportación de Octavio Álvarez Carballo, su cuñado. “Muchos de estos planos son del año 1911, llevaba un año de diputado por Ponferrada con el Partido Liberal, y se puede decir que los regalaba, no los cobraba como arquitecto, tengo alguna carta en la que le dice al paisano del pueblo: 'Te mando este proyectito y a cambio me vale que me mandes un queso'. Era una cosa simpática, hacía los planos a cambio de que le mandaran un queso o un lomo a Madrid”, apunta Del Reguero.
Pero en realidad no fue la riqueza gastronómica lo que hizo a Amós Salvador llevar la educación a los pueblos. Él tenía muy presente la llamada cuestión social y estaba convencido de la necesidad de comprometerse para mejorar la sociedad. Un convencimiento que años más adelante, con la propia deriva del país, le llevó a implicarse políticamente y convertirse en la mano derecha del republicano Manuel Azaña, llegando a ser su ministro de Gobernación en 1936. “Lo pagó caro”, apostilla el escritor, ya que al estallar la Guerra Civil tuvo primero que refugiarse en Francia y después exiliarse a Venezuela.
Un hombre comprometido
La figura de Amós Salvador se consolidó en los primeros años del siglo XX, en un momento de decadencia social y económica consecuencia de la crisis provocada por la pérdida de Cuba en 1898 y marcado por los primeros pasos del ‘regeneracionismo’. “Él estaba encuadrado en esa esfera de personas que creían que había que hacer las cosas de otra manera y que, obviamente, no se quedaron quietos, sino que se pusieron manos a la obra y a participar”, señala Del Reguero, que explica que desde su posición como miembro de un elitista Ateneo de Madrid impulsó junto a su hermano, abuelo de Miguel Boyer, la llamada Universidad Popular, de la que fueron pioneros.
En León, donde llegó acompañado por su esposa, Josefina Álvarez Carballo, que pertenecía a una familia de propietarios muy importante vinculada a Caboalles de Abajo, participó en la fundación del Ateneo de León, promoviendo conferencias y conciertos. Más tarde, en Laciana impulsó la Liga de Amigos de la Escuela, a través de la que construyó varios colegios, continuando posteriormente esas actividades en la zona de Ponferrada y el Bierzo. “El venía todos los años a veranear aquí, por eso tenía esas vinculaciones tan grandes con esta zona”, apostilla Víctor del Reguero.
Así, su contribución a la construcción de estas escuelas se encuentra dentro de la “conciencia colectiva de pueblo”, donde cada uno aporta lo que tiene o lo que puede. “Él hace el proyecto, en ocasiones algún misántropo hará un donativo para pagar a los canteros o la madera, los propios paisanos de los pueblos van con los carros a por la madera y la piedra, todos trabajan, cada uno aporta lo que puede o lo que tiene y de ahí salen estas obras colectivas, pensadas para el bien común de los pueblos”, recalca el escritor.

Con mucha luz
Desde el punto de vista arquitectónico, las construcciones escolares de Amós Salvador en el Bierzo y Laciana muestran la gran importancia que daba a la iluminación, buscando la simetría y añadiendo grandes ventanales para aprovechar la luz natural. “Cuanta más luz mejor, que al mismo tiempo es un foco de calor”, señala Del Reguero, y explica que además este arquitecto fue pionero en rebajar las alturas de las plantas hasta los 2,40 metros, que ahora ya es prácticamente la medida habitual.
“Antiguamente era muy corriente dejar los techos de las casas muy altos, se creía que era más higiénico, y él empieza a bajar las alturas en lo que era la 'vivienda mínima', viviendas de tipo económico para obreros”, añade el escritor, que destaca que Salvador incorporó muchas novedades a su actividad como arquitecto ya que, al ser una persona de la burguesía, tenía la posibilidad de viajar por Europa, participar en congresos y tener relación con los principales arquitectos de la época.

También utilizó estos nuevos elementos en sus proyectos para las escuelas, con esa apuesta por la luz natural y por simplificar las líneas, huyendo de elementos decorativos. “Era una arquitectura muy funcional, pero que al mismo tiempo tenía la belleza de lo sencillo”, insiste Del Reguero, que afirma que gracias a Amós Salvador muchos pueblos del Bierzo y Laciana tienen escuela, aunque gran parte hayan perdido ese uso escolar en los últimos años, y durante décadas pudieron educar a sus niños en unas condiciones adecuadas.
“De otro modo hubiera sido muy complicado, precisamente Amós Salvador, siendo diputado, comprobó que por el cauce oficial eso no salía adelante y junto a otras personas se puso manos a la obra para ayudar a que los pueblos tuvieran escuela”, recalca Del Reguero, quien reconoce en él a un personaje digno de reivindicar y conocer, con una vida intensa y extensa plagada de acontecimientos que le sitúan en la primera línea pero que, a su vez le mantienen siempre en el segundo plano al que la Historia parece haberle relegado.
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