"Falangistas y guardias civiles entraron en la casa y se los llevaron a Matarrosa. Nunca más se supo de ellos". Es el relato que Berta Álvarez escuchó en su casa toda la vida. Se trata de dos de sus tíos, Dionisio y Emiliano, asesinados por la represión franquista y cuyos cuerpos nunca han aparecido.
Lo mismo ocurrió con varios familiares de Sara Mera, cuya abuela perdió a hermanos o primos. O Lorenzo Álvarez, que nunca conoció a su abuelo, igual que Juan Manuel Morales. Lino Hompanera es sobrino de Gabriela, Marcelino y Eduardo, otras tres víctimas.
Así hasta un total de 19 personas, vecinos de Villamartín del Sil, en Páramo del Sil, cuyos restos deberían descansar en el cementerio de su pueblo, pero ni siquiera se sabe dónde están.
Son algunas de muchas de las historias de familias destrozadas por la Guerra Civil y por la represión de la dictadura y que solo reclaman una cosa: que nunca se olvide lo que pasó, que se recuerden sus historias, a sus familiares asesinados y que no se repitan estos sucesos.
Con ese objetivo se colocó hoy en el cementerio de la localidad una placa que los recordará para siempre, en un emotivo acto en el que muchos de esos familiares, y personas que les han ayudado a reconstruir lo sucedido y a obtener toda la información posible, relataron cómo ha sido su vida tras unos hechos que marcaron a sus antepasados y, en definitiva, a todo un pueblo.
"Es un acto de conmemoración, y sobre todo de memoria, para que la gente no lo olvide y no vuelva a suceder", dice Berta Álvarez, quien reconoce que tiene "sensaciones encontradas" ya que, por un lado, es recordar hechos muy dolorosos y por otro "el que por fin se va a reconocer a todas las víctimas que hubo en mi pueblo por la intervención de los falangistas y la Guardia Civil", señala.
Berta lleva años intentando localizar los restos de sus tíos, asesinados en una escombrera situada a las afueras de Matarrosa del Sil, conocida por entonces como 'Las Moruecas', donde hoy se sitúa el cementerio de ese pueblo del municipio de Toreno.
"Ahí se hizo el cementerio de Matarrosa y mi madre decía que todos los restos los habían llevado a la térmica de Ponferrada. Yo he intentado mirar con los curas, ya que si iban a hacer un cementerio lo lógico era que si había restos no los metieran en cualquier sitio, pero no he conseguido saber qué hicieron. Allí asesinaron a mucha gente, a montones", relata. De las 19 personas que hoy se recuerdan a través de esta placa, solo se han recuperado los restos de una.
"Hemos pasado mucho para llegar hasta aquí, para hacer esta pequeña reparación, que figuren sus nombres porque ellos no están ni reconocidos como muertos", lamenta. "Con esto me doy por satisfecha y que no se vuelvan a repetir estas situaciones, porque además en la situación actual me da miedo, la verdad", dice.

Preguntas molestas
Si hay algo en común que se repite entre los relatos de estas familias es el miedo que todavía produce hablar de todo ello y el silencio que hay a su alrededor. "Preguntar molesta", dice Sara Mera, que lleva desde 2016 intentando reconstruir la historia de su familia y trabajando para llegar a este homenaje.
"Encima de que los han asesinado parece que molesta hablar de ello, que son perjudiciales para la convivencia. Muchas veces pongo el ejemplo de Marta del Castillo. ¿A quién le molesta que se busquen sus restos? A nadie. Fue una muerte violenta, el Estado se ha gastado millones en buscarla, cosa que me parece bien, pero es que nuestras familias es lo mismo. Unas desapariciones molestan y otras tienen apoyo", lamenta.
Sara perdió a numerosos familiares víctimas de esa represión, como el hermano de su abuela, Benjamín, un primo hermano de su abuela, José, que estaba afiliado a la CNT, o Dionisio y Emiliano, también familiares de su abuela, entre otros muchos.
En este caso llegó a celebrarse un juicio y existe documentación en la que aparecen los nombres de todas las personas que asesinaron a la familia de Sara, aunque quedó en nada. "Los dejaron libres, a ninguno les pasó nada. Ellos siguieron viviendo, hicieron sus vidas, tuvieron hijos. Fue un genocidio institucionalizado", afirma.
Es un tema que sigue generando cierta "controversia" en el pueblo ya que se da la circunstancia de que las familias se han mezclado. "En mi caso, por ejemplo, hay una persona que está casada con la hija del asesino de su familiar. Eso ocurre en mi propia familia", relata.
"En ningún caso nosotros queremos remover todo eso. Lo que buscamos es que haya un lugar donde se les recuerde, que ya que sus cuerpos va a ser muy complicado que los encontremos, que por lo menos sus almas vuelvan al lugar donde estarían. Porque si hubiesen llevado una vida normal, con una muerte no violenta, estarían en este cementerio", dice.

Numerosos apoyos
Las familias de estas 19 personas han contado con numerosos apoyos para llegar hasta aquí. Entre ellos la alcaldesa de Páramo del Sil, Alicia García, y el investigador Santiago Macías, quien lleva décadas trabajando para recuperar la memoria de centenares de víctimas de la represión franquista.
"La memoria oral no es un sustituto imperfecto de los papeles; a menudo es el único refugio donde sobrevivió la verdad cuando el Estado se ocupó de borrar las huellas", señala Macías, quien recuerda que de esas 19 personas, solo ocho existen para la "versión oficial". "Las otras once nunca entraron en un folio, un expediente o un registro civil", explica.
"Y por si fuera poco, desde algunos ámbitos académicos se perpetúa el sesgo, defendiendo que lo que no está documentado no existe. Condicionar la existencia de una víctima al hecho de aparecer en un documento oficial es una forma sutil de perpetuar la impunidad. En un régimen que controlaba, alteraba, obviaba o destruía documentación, la "versión oficial" es la del vencedor; la memoria oral, sin embargo, guarda la dimensión de la tragedia", añade.
Macías denuncia la "complicidad del silencio" y exige que la Memoria Democrática sirva para "restaurar la dignidad allí donde la historia oficial dejó un vacío". "Investigar no es acumular datos en un cajón, es hacer justicia. Y la justicia empieza por validar la voz de quienes guardaron la verdad cuando nadie más quería escucharla", señala el investigador.
Además, califica de "conmovedor" el acto vivido hoy en Villamartín del Sil ya que es un claro ejemplo de "cómo la memoria también se teje desde abajo, pueblo a pueblo". "Quiero expresar un profundo y emocionado agradecimiento a la enorme movilización de las vecinas, vecinos y descendientes de las víctimas de Villamartín del Sil. La represión franquista provocó una dolorosa diáspora que dispersó a muchas familias lejos de sus raíces; por eso, la minuciosa labor de rastreo y localización que han llevado a cabo para encontrar a cada familiar es un verdadero acto de amor y justicia. Gracias a su esfuerzo incansable, este reencuentro está completo y a nadie le faltar su lugar", concluye.
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