Durante casi dos mil años, La Leitosa ha resistido el paso del tiempo. Ha sobrevivido a guerras, al abandono, a la erosión y a la lenta transformación del paisaje. Pero en apenas unas horas, el incendio forestal declarado en Veguellina, en el municipio de Villafranca del Bierzo, ha puesto en serio peligro uno de los espacios arqueológicos y naturales más valiosos de la comarca.
Las llamas han arrasado buena parte del entorno de la antigua explotación aurífera romana, mientras el dispositivo de extinción continúa luchando por contener un incendio que ha obligado a evacuar varias localidades y que sigue activo con Índice de Gravedad Potencial 2 (IGR-2).
El fuego no solo deja tras de sí un paisaje calcinado. También amenaza un patrimonio que forma parte de la historia del Bierzo y del legado minero del Imperio romano en el noroeste peninsular.
Un paisaje creado por Roma
La Leitosa es mucho más que una antigua mina. Se trata de una de las mayores explotaciones auríferas romanas conservadas en España, situada entre las localidades de Paradiña y Paradaseca, en el término municipal de Villafranca del Bierzo.
Los romanos comenzaron a explotar este yacimiento hace cerca de dos mil años utilizando la técnica de la ruina montium, el mismo sistema hidráulico que hizo mundialmente famosas a Las Médulas. Mediante una compleja red de canales y estanques acumulaban enormes cantidades de agua que liberaban de forma repentina para derrumbar la montaña y extraer el oro oculto en su interior. Se calcula que en La Leitosa llegaron a removerse alrededor de 150 millones de metros cúbicos de tierra, una cifra extraordinaria que da idea de la magnitud de aquellos trabajos. Aún hoy pueden contemplarse canales, depósitos de agua, galerías y enormes cortas mineras perfectamente reconocibles en el paisaje.
El origen del nombre también está ligado a esa dureza. Diversos historiadores apuntan que "La Leitosa" podría hacer referencia al esfuerzo extremo que suponían aquellos trabajos mineros, realizados por miles de trabajadores bajo dominio romano.
Un incendio que deja cicatrices difíciles de reparar
El avance del incendio de Veguellina ha alcanzado de lleno este entorno histórico y forestal. Aunque las estructuras excavadas por los romanos difícilmente desaparecerán, el impacto sobre el paisaje es enorme.
La vegetación que durante décadas había colonizado taludes y laderas ha quedado reducida a cenizas, alterando de forma drástica la imagen de uno de los espacios más visitados del municipio de Villafranca del Bierzo. El incendio también incrementa el riesgo de erosión del terreno y de desprendimientos, especialmente si llegan lluvias intensas en otoño, un problema habitual en este tipo de explotaciones antiguas tras grandes incendios.
Además del daño patrimonial, el fuego está teniendo importantes consecuencias ambientales. Las llamas han afectado a masas de robles, castaños y matorral atlántico, hábitats de numerosas especies de fauna que ahora ven destruido su refugio natural.
Un incendio que mantiene en vilo a toda la comarca
Mientras el fuego avanza por la zona de la zona de La Leitosa, cientos de vecinos viven horas de enorme incertidumbre. El incendio está obligando a desalojar varias localidades y a movilizar un amplio dispositivo compuesto por brigadas forestales, medios aéreos, bomberos, efectivos de la Unidad Militar de Emergencias (UME) y cuerpos de seguridad.
La evolución del incendio permitió este viernes el regreso de los vecinos de San Martín de Moreda y Valle de Finolledo, aunque permanecen evacuadas San Pedro de Olleros, Moreda y Prado de Somoza, donde el riesgo continúa siendo elevado.
Las consecuencias también se han dejado sentir en otras poblaciones cercanas. En la zona de La Somoza, decenas de vecinos estuvieron más de 40 horas sin suministro eléctrico como consecuencia del incendio, una situación que complicó el día a día de una localidad ya acostumbrada a las dificultades derivadas de su aislamiento geográfico.
Más que un incendio forestal
Lo ocurrido en La Leitosa evidencia que un gran incendio forestal no solo destruye árboles. También puede poner en riesgo siglos de historia, modificar paisajes culturales únicos y afectar gravemente al patrimonio arqueológico.
Y es que una vez esté controlado el fuego, comenzará otra tarea igual de importante: evaluar los daños reales, estabilizar las laderas, prevenir la erosión y recuperar, en la medida de lo posible, un entorno que constituye una parte esencial de la memoria histórica de El Bierzo.
Porque el oro que un día buscaron los romanos ya desapareció hace siglos. Lo que hoy está en juego es un patrimonio irrepetible que forma parte de la identidad berciana y cuyo valor va mucho más allá de cualquier riqueza mineral.
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