Viaje al altar de las cuarcitas de Vega: el lienzo de piedra donde El Bierzo escribió su primera historia hace 4.000 años

Los primeros pobladores del Bierzo tallaron ahí las primeras líneas de la historia de los asentamientos. La Cuarcita de Vega permanece como una muralla natural que sirvió de lienzo hace 4.000 años para este conjunto de 300 pictogramas, el mayor en CyL

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10 de Julio de 2026
Actualizado: 10 de Julio de 2026 a las 09:59
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Mucho antes de que el ser humano levantara castillos, dibujara fronteras o escribiera las primeras páginas de su historia, la piedra ya custodiaba sus propios secretos. La Cuarcita de Vega de Espinareda permanece como una vieja muralla natural que ha resistido millones de años de batallas contra el viento, el agua y el caprichoso olvido. En sus paredes, unos trazos rojizos sobreviven como los últimos guardianes de una civilización desaparecida: un mensaje enviado desde un mundo que ya no existe, pero que todavía mantiene intacto su derecho a la eternidad. Los primeros pobladores del actual Bierzo tallaron ahí las primeras líneas de la historia de los asentamientos en la zona.

Historia que se cuenta en ese lienzo de piedra desde hace más de 4.000 años con más de 300 pictogramas, lo que convierte al conjunto en una de las mayores muestras artística y 'pictórica' sobre piedra en Castilla y León de esta época post paleolítica. 

Peña Piñera es un campo de batalla contra el tiempo. Un territorio donde antiguos mares dejaron su firma, la tierra escondió oro entre sus entrañas y nuestros antepasados eligieron la roca como refugio para vencer al mayor enemigo de todos: el olvido. Miles de años después, aquellas pinturas siguen en pie incrustadas en una 'atípica piel', esperando a quien sea capaz de descifrar una historia escrita sin palabras, siempre a merced de la montaña berciana. GeoBierzo recorre junto a InfoBierzo uno de los mayores conjuntos de arte esquemático de la provincia de León, un santuario al aire libre donde la geología, el oro y la huella de nuestros antepasados se dan la mano. 

Sobre el pueblo de Sésamo, en Vega de Espinareda, existe un lugar donde el tiempo parece haberse detenido sobre la roca. Un balcón natural abierto al Bierzo donde unas líneas rojizas, casi escondidas para los ojos menos entrenados, llevan miles de años contando una historia, desconocida para muchos y admirada y conocida al dedillo por otros pocos.  Son las pinturas rupestres de Peña Piñera, uno de los grandes tesoros arqueológicos de la comarca y un legado que ha resistido al viento, la lluvia y el paso de generaciones.

Pinturas rupestres de Sésamo (23)
Pinturas rupestres de Sésamo (23)

 

Hasta este enclave viajamos junto a Ramiro López Medrano y Francisco Arias Ferrero, miembros de GeoBierzo y apasionados divulgadores de la geología berciana, para conocer un espacio donde la naturaleza escribió primero el escenario y el ser humano dejó después su firma. 

La visita arranca a pies de la iglesia de Sésamo. Desde allí, un camino negro, construido con firme de estériles de carbón, asciende en suave pendiente hacia el oeste hasta el Corral de los Lobos, a unos tres kilómetros del pueblo. El recorrido conduce poco a poco hasta la cota de los 900 metros, donde aparece el gran farallón rocoso de la Cuarcita de Vega, muy cerca del primer conjunto de pinturas. “Estamos encima del pueblo de Sésamo. Este es un afloramiento de cuarcita que siempre llama la atención por su altura. Geológicamente se conoce como la Cuarcita de Vega y tiene dos riscos con paredes verticales”, explica Francisco Arias mientras señala el gran muro natural que protege estas pinturas.  

A partir de ahí, el camino se aproxima al afloramiento rocoso, un abrupto escalón que mira al sureste y se asoma, como un mirador natural, hacia el pueblo de Sésamo. La propia forma de esta roca fue clave para que nuestros antepasados eligieran este punto. La cuarcita rompe formando grandes bloques y superficies planas, auténticos lienzos naturales sobre los que plasmaron sus símbolos.

“La cuarcita deja caras planas y eso fue aprovechado para hacer pinturas rupestres que llevan aquí casi 4.000 años y que todavía, afortunadamente, podemos ver”, destaca Arias. No siempre es fácil encontrarlas. Algunas apenas sobreviven como pequeñas marcas rojizas sobre la piedra y obligan a mirar con calma, a esperar la luz adecuada y a dejar que el ojo se acostumbre al lenguaje antiguo de la roca, los detalles marcan la diferencia. “Hay que tener también un poco de imaginación”, reconoce entre sonrisas Arias. 

Pinturas rupestres de Sésamo (14)
Pinturas rupestres de Sésamo (14)

 

El rojo de la tierra berciana sobre un santuario de cuarcita

 

El conjunto rupestre de Peña Piñera está considerado uno de los enclaves de arte esquemático más importantes de la provincia de León. Las pinturas fueron declaradas Bien de Interés Cultural y los estudios recogen más de 300 representaciones repartidas por los paredones de cuarcita. “Se habla de entre 300 y 400 unidades pictóricas que se pintaron hace entre 2.000 y 4.000 años”, explica Arias.

El secreto de aquel color rojizo que todavía permanece visible estaba precisamente bajo sus pies: la hematites, un mineral de hierro muy presente en la zona y que aparece asociado a los filones y vetas de cuarzo que atraviesan estas cuarcitas. “Se pintaron con hematites, un hidróxido de hierro de color rojo muy abundante aquí. Probablemente estos afloramientos se utilizaron ya en aquella época para conseguir el pigmento”, detalla Arias. 

Pinturas rupestres de Sésamo (20)
Pinturas rupestres de Sésamo (20)

 

Aquellos primeros artistas trituraban el mineral hasta conseguir polvo, lo mezclaban con elementos naturales como leche, grasa animal o aceite de origen animal, y después lo aplicaban directamente sobre la roca, bien con la mano, bien con pequeños útiles como ramas, plumas o fibras vegetales. “Esto da la impresión de que está hecho con los dedos por el grosor de los trazos”, explica mientras observa una de las figuras. En un tesoro patrimonial como este está prohibido despistarse,  Entre las representaciones aparecen animales, figuras humanas y símbolos geométricos cuyo significado continúa siendo un misterio. “Aquí se pueden apreciar restos de un animal y una figura zoomorfa con sus patas”, señala frente a una de las paredes.

 

La Cara del Diablo: aquí la piedra también traza

 

En Peña Piñera no solo pintó el ser humano. También lo hizo con elegancia y vistosidad la naturaleza. Las cuarcitas son uno de los grandes tesoros geológicos del Bierzo por su variedad de formas, cortes y colores. La erosión y el paso de millones de años han moldeado caprichosas formaciones rocosas que convierten este entorno en un museo natural al aire libre.

Entre ellas aparece una de las más singulares: la conocida como Cara del Diablo, una formación situada en la parte baja del lienzo inferior de las pinturas rupestres y que parece observar la Cuarcita de Vega. “Las cuarcitas son el gran tesoro del Bierzo por su gran variedad de formas, cortes y colores. Aquí podéis ver formaciones geológicas como la mismísima Cara del Diablo mirando hacia las cuarcitas”, explica Ramiro López Medrano.

Además, este punto se encuentra precisamente en una de las zonas con mayor presencia de pinturas. “Está situada en la parte de abajo, en el lienzo inferior de las pinturas, y es una de las zonas que más pinturas tiene”, añade. Un rostro dibujado por la propia naturaleza que se suma a un paisaje donde cada piedra guarda una historia: desde un antiguo mar de hace más de 400 millones de años hasta las huellas rojas que dejaron los primeros pobladores del Bierzo.Y quizá esa sea una de las grandes paradojas de este enclave. Si un lugar así estuviera al otro lado del Atlántico, probablemente tendría nombre propio en grandes rutas, miradores señalizados y ocuparía un espacio destacado entre esos paisajes donde la naturaleza y la historia se convierten en reclamo. Sin embargo, aquí permanece casi en silencio, sobre Sésamo, esperando a quienes deciden detenerse y mirar con otros ojos, esos que admiren lo propio con mayor soberbia que lo extraño.

Pinturas rupestres de Sésamo (9)
Pinturas rupestres de Sésamo (9)

 

Antes de las pinturas hubo un mar

 

Pero la historia de Sésamo comenzó mucho antes de que el ser humano llegara hasta este lugar. Millones de años antes. La Cuarcita de Vega es una de las grandes formaciones geológicas del Bierzo y forma parte de un pasado en el que este territorio tenía un aspecto completamente diferente. “Estamos ante una formación geológica muy antigua y característica del Bierzo. Forma parte de la zona astur-occidental leonesa, una de las zonas geológicas más antiguas de la Península Ibérica”, explica Ramiro López Medrano.

Estas rocas superan los 400 millones de años de antigüedad y todavía conservan pistas de aquel mundo desaparecido. En la parte superior, cerca del mirador, aparecen estructuras conocidas como ripple marks, marcas de oleaje fosilizadas que permiten imaginar un paisaje radicalmente distinto al actual. “En la zona del mirador aparecen marcas de oleaje de un antiguo mar. Eso nos indica que esto fue una zona marina”, relata. 

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La zona también conserva fósiles como los graptolitos, pequeños organismos coloniales que vivieron en aquellos mares primitivos y que hoy permiten leer las páginas más antiguas de la historia geológica berciana. Su presencia ayuda a identificar capas, edades y cortes de millones de años dentro de la formación.

Pinturas rupestres de Sésamo (25)
Pinturas rupestres de Sésamo (25)

 

Es de resaltar que el próximo 11 de julio tendrá lugar la jornada central de los cursos de verano de las universidades de Vigo y León, una actividad que alcanza su duodécima edición y que cuenta con una gran aceptación, especialmente entre estudiantes universitarios. Los participantes realizarán un recorrido guiado por la zona en el que conocerán sus principales singularidades geológicas y paleontológicas, desde la presencia de graptolitos hasta la génesis del oro, con especial protagonismo para las pinturas rupestres. La jornada finalizará con un taller impartido por Abel Arias, especialista en arte rupestre, que mostrará la elaboración de pinturas con pigmentos naturales sobre caliza blanca para acercar a los asistentes las técnicas utilizadas en este tipo de manifestaciones.

 

Del mar antiguo al oro escondido en la montaña

 

Peña Piñera no solo guarda pinturas ni fósiles. También esconde historias de oro. La presencia de este metal marcó diferentes épocas, desde las explotaciones romanas hasta las investigaciones realizadas durante el siglo XX. En 1948, unos vecinos encontraron una concentración excepcional de oro en la zona que despertó el interés minero. “Encontraron casi un kilo de oro. Se intentó abrir una explotación minera, pero ya no apareció más. Fue una concentración inusual”, recuerda Francisco Arias.

Aquella búsqueda permitió descubrir también antiguas labores romanas vinculadas al aprovechamiento del oro presente en estas montañas. El metal aparecía tanto en la roca como en las tierras rojas situadas bajo las cuarcitas, arrastradas y acumuladas por la erosión durante siglos. “Aquí hay mucha minería romana, tanto sobre la roca como sobre las tierras rojas que quedan bajo las cuarcitas”, explica Arias. El oro, la hematites y la cuarcita forman así parte de una misma historia. El mineral que pudo servir para pintar también marcó siglos después la curiosidad de buscadores, mineros y estudiosos.

Pinturas rupestres de Sésamo (1)
A la izquierda Ramiro López Medrano, junto a Francisco Arias Ferrero de GeoBierzo enseñan las Pinturas rupestres de Sésamo (1)
Pinturas rupestres de Sésamo (4)
Pinturas rupestres de Sésamo (4)

 

Un legado que necesita respeto para sobrevivir otros 4.000 años

Uno de los grandes retos de este santuario al aire libre es su conservación. Las pinturas han sobrevivido durante milenios expuestas a la naturaleza, protegidas en parte por la orientación de los paredones y por la resistencia de la propia cuarcita. Sin embargo, ahora la mayor amenaza procede de la acción humana. “Esto lleva 2.000 o 4.000 años aquí precisamente porque nadie vino a llevarse la roca ni a estropearla”, lamentan Arias y López.

Algunas zonas presentan marcas recientes realizadas sobre la piedra, rayas y alteraciones que preocupan a quienes conocen el valor del enclave. En un lugar donde cada trazo antiguo puede tener miles de años, cualquier gesto irresponsable deja una herida difícil de reparar, en un arte de esta magnitud lo de copiar y pegar no funciona. “Es un legado de nuestros antepasados, un legado artístico que tenemos que conservar tal y como está para que dure otros 4.000 años”, reivindican.

La mejor protección, defienden, pasa por el respeto. Por mirar sin tocar. Por entender que estas pinturas no son una simple curiosidad sobre la roca, sino una de las páginas más antiguas de la memoria berciana, que más allá de su legado y riqueza cultural merecen preservarse en el tiempo, que menos. 

 

El Corral de los Lobos y el castro que completan el viaje

 

El entorno de Peña Piñera suma además otros elementos que convierten la ruta en un recorrido por miles de años de historia. Antes de llegar a los abrigos rupestres, el camino pasa por el Corral de los Lobos, una antigua trampa construida en piedra para capturar estos animales. Su estructura circular, levantada con muros altos y un punto de acceso más bajo, permitía que el lobo saltara al interior atraído por un cebo vivo, pero impedía después su salida. La campana exterior a la extravagante construcción sería la encargada de dar aviso al pueblo, en un prototipo de delivery de antaño. 

Pinturas rupestres de Sésamo (5)
Pinturas rupestres de Sésamo (5)

 

Desde allí, ya a una cota cómoda, se accede al techo del amplio friso que conforma el escalón cuarcítico de Peña Piñera. Después, el descenso por una pequeña vallina escalonada permite llegar a la base del crestón, donde se localizan los abrigos rupestres.

Muy cerca se encuentra también el castro de Peña Piñera o de Finolledo, situado a más de 1.000 metros de altitud, otro elemento que aumenta el valor histórico de este entorno. Se trata de una construcción singular, firmemente amurallada por varios de sus costados y apoyada en el desnivel natural del terreno, cuyo uso todavía plantea interrogantes, aunque su belleza opaca los mismos. 

Recorrer este rincón de Sésamo es aceptar las reglas de un juego que comenzó hace miles de años. Prohibido despistarse: una figura escondida en la roca, una marca de un antiguo océano, un fósil o una pintura casi invisible pueden aparecer en cualquier momento. Este patrimonio exige alejarse de la inmediatez y la ansiedad que marca el día a día actual para volver a hacer algo tan sencillo como observar. Detenerse frente a una roca, buscar una forma, interpretar un trazo y entender que esas pequeñas líneas rojas llevan miles de años esperando una mirada capaz de descubrirlas. Peña Piñera obliga a caminar despacio, observar y descubrir un tablero donde la naturaleza y nuestros antepasados dejaron las piezas colocadas manteniendo una partida abierta desde hace miles de años. Un lugar que recuerda que algunos tesoros no necesitan ser encontrados, sino simplemente metodología y memoria para ser admirados. 

 

 

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