Una tarde cualquiera, de otoño, con el curso escolar recién iniciado. Las calles desembocan en la general Avenida Huertas del Sacramento, que da nombre al barrio. Por ellas van estudiantes, pequeños de infantil con los mandilones a cuadros rojos o azules, y los 'mayores' que cursan el Bachillerato o el desaparecido COU en el Instituto Álvaro de Mendaña para acceder a la universidad dejando atrás, por unos años al menos, Ponferrada.
El comentario general en los bares como el Arcoíris, el Pequeña Teresa, Toga o Graham Bell -donde los domingos ponían películas en el reservado- trata sobre la etapa de la Vuelta, que tuvo meta el día anterior en aquella parcela de barro frente al recién inaugurado Centro Comercial La Máquina, con su flamante supermercado Vivodist y el Cine 10, donde primero llegaban los estrenos (aunque si te tocaba una persona alta delante, te dabas cuenta que eso del cine en suelo plano era algo aún a superar en la ciudad).
Justo ahí donde llegó La Vuelta, hace unas semanas se habían celebrado los conciertos gratuitos de La Encina, y en aquel año precisamente tocó el de Amistades Peligrosas, que superó a aquel de Sergio Dalma. También era el circuito urbano de Ponferrada, porque todavía se recuerda el Campeonato de Karts de La Encina en esta avenida, y esa curva con 'pacas' donde muchos chocaban.
Ha llovido hace un rato sobre aquellas aceras de adoquines grises recorridas por los 'plataneros', y huele a hierba recién cortada en el parque de La Concordia, donde algunos alumnos hacen 'pellas' en el estanque echando migas de los bocatas a los pececitos rojos; algunos se esconden incluso en el laberinto de cipreses porque hace poquito que han abierto la nueva Comisaría de Policía Nacional.
Algunos otros pasarán luego la tarde jugando 'a las máquinas' en la sala de arcades Albéniz o en Galaxia. Eso sí, todos interactuando, porque en ese día de otoño cualquiera de los 80 o 90, no existían los móviles. Los patios de los colegios Peñalba o La Puebla (un ejemplo de integración social), estaban llenos de niños jugando al fútbol, queriendo formar parte de la quinta del Buitre, o del Barcelona de Bakero y Koeman. También había muchos equipos locales en los campos Ramón Martínez, que eran de tierra casi tan dura como los balones Mikasa con los que se jugaba allí.
… Fueron casi dos décadas de mayor esplendor del barrio de Las Huertas, en esta parte que ahora mismo, en ese instante de estas décadas referidas, es la zona de ensanche de Ponferrada. Sobre las antiguas huertas de los afamados pimientos; más tarde en los 90 un conjunto escultural rendirá homenaje a estas pimenteras, más o menos a mitad de década, cuando también las máquinas despejaban el cauce del río Sil para convertirlo en el primer paseo fluvial de la ciudad.
Una gran avenida vertebra todo el barrio, y los bloques se distinguen por colores: "yo vivo en las amarillas", "yo en las verdes", "yo en las rojas"...
Ahora, el barrio sigue manteniéndose como zona de servicios, con la Biblioteca Municipal, Juzgados, Comisaría, Oficinas de la Seguridad Social, Colegio, Instituto. Pero el Centro Comercial ha venido a menos, y los niños por la calle ya no son tantos. Aquellos papás de los 80 han visto a sus hijos tomar el relevo en barrios como La Rosaleda.
Precisamente ambos barrios han sido, junto a La Puebla Norte y Sur en los 50 y 60, los de mayor expansión del entramado urbano de Ponferrada.
El barrio de Huertas del Sacramento, en Ponferrada, refleja hoy una transformación significativa respecto a sus orígenes. Lo que en su día fue una amplia zona agrícola a orillas del río Sil se ha convertido, con el paso del tiempo, en un núcleo residencial plenamente consolidado. En sus inicios, este espacio estaba ocupado por huertas fértiles dedicadas principalmente al cultivo de pimientos y otros productos hortícolas, que constituían una parte esencial de la actividad económica local.
Históricamente, las huertas estaban divididas por caminos y regadas mediante acequias alimentadas por una presa central que también servía para molinos cercanos. La agricultura se realizaba sin mecanización avanzada; herramientas tradicionales eran empleadas junto a tracción animal para labores pesadas como el rastreo o la preparación del terreno. El abono provenía principalmente de estiércol y ceniza, mientras que plagas como los escarabajos se eliminaban manualmente.
Los propietarios solían ser familias humildes vinculadas a barrios próximos cuya producción tenía doble destino: una parte se vendía en mercados locales o incluso de fuera de Ponferrada mediante transporte por camión; otra parte era destinada al autoconsumo doméstico debido a los bajos ingresos económicos predominantes entonces. En este contexto rural-urbano también es reseñable cómo las mujeres lavaban ropa junto al río Sil antes de generalizarse los electrodomésticos modernos.
Un legado que todavía perdura en el recuerdo de sus vecinos: “Yo tenía una gran huerta aquí, tenía pimientos, lechugas y tomates. La huerta de al lado era la de mi padre, todo quedaba en familia y todos nos conocíamos y compartíamos nuestras cosechas”.
Y un pasado que todavía se encuentra en plena calle con la estatua de Las Pimenteras, un homenaje al cultivo ‘rey’ de la Comarca y del propio barrio de las Huertas del Sacramento.
La Ermita del Santísimo Sacramento
En el antiguo perímetro agrícola se alzó un pequeño templo que acabaría dando nombre a todo un barrio: la Ermita del Santísimo Sacramento, situada cerca de la antigua iglesia parroquial de San Pedro. Esta construcción religiosa data del siglo XVI y era lugar de culto, pero también punto de encuentro para los vecinos que trabajaban las tierras cercanas.
Su origen está ligado a un episodio ocurrido en 1533 cuando, tras un robo sacrílego, se ocultaron formas sagradas en una zona conocida como El Arenal, próxima al río Sil; sucesos misteriosos culminaron con su recuperación y motivaron a levantar dicha ermita en 1570. Aunque fue demolida en 1970 durante las reformas urbanísticas, en las que el desarrollo y la modernización primaban sobre la conservación del patrimonio histórico de carácter menor, su memoria permanece viva gracias a los vecinos de toda la vida.
El desarrollo urbanístico del Polígono de las Huertas
Sin embargo, la tierra dio paso al asfalto. Un cambio que comenzó con la implementación del Plan Urbanístico aprobado en 1964, que estableció la expropiación progresiva de estas tierras para dar paso al desarrollo urbano. Cuatro años después, en 1968, comenzaron las obras para construir el polígono residencial que transformaría radicalmente el paisaje. Esta intervención fue el inicio de la desaparición completa de la Ribera del Sacramento como espacio agrícola emblemático.
Y es que a principios en los años setenta, Ponferrada vivió una expansión demográfica notable impulsada por la minería y la industria energética; pasó entonces por fases aceleradas donde espacios rurales fueron absorbidos para satisfacer la demanda habitacional creciente, como es el caso del barrio de las Huertas.
El impulso decisivo para esta evolución urbana vino bajo el mandato del entonces alcalde, el primero de la democracia en Ponferrada, Celso López Gavela, entre los años 1979 y 1995. Celso López supervisó no solo la planificación urbana , sino también infraestructuras clave como la construcción del puente sobre la avenida principal, el puente ‘de Hierro’, conocido como el ‘Puente de los Faraones’ y que, actualmente, lleva el nombre del antiguo regidor.
Este puente fue el tercero edificado en Ponferrada y facilitó la conexión directa entre el nuevo barrio de las Huertas y el tradicional barrio de los Judíos, integrando mejor ambos sectores dentro del tejido urbano. Dos décadas después llegó la inauguración del Puente del Centenario, el último ‘enlace’ construido en Ponferrada.
Esta barriada alberga bloques residenciales organizados en cooperativas, donde se podían encontrar viviendas de maestros o de trabajadores ferroviarios.
Y es que, con la llegada de numerosas familias en los años 80 y principios de los 90, era necesaria la construcción de un área comercial para el barrio: ‘La Máquina’. Se trata del primer centro comercial de la capital berciana y que sigue en pie a día de hoy tras su apertura a finales de los 90.
Y es que todos los ponferradinos conocen la locomotora que, desde su apertura, preside el acceso al área comercial, un homenaje a la estrecha relación de Ponferrada con la minería y con el ferrocarril.
‘La Máquina’ supuso un punto de inflexión en la evolución urbana, no solo del Polígono de las Huertas si no también de Ponferrada. El centro nació como un equipamiento pionero, que concentraba en un mismo espacio supermercado, pequeños comercios y zonas de encuentro. Frente al comercio tradicional, ‘La Máquina’ introdujo una nueva forma de comprar y socializar, más cercana al concepto de galería que comenzaba a extenderse en otras ciudades de España.
Para los vecinos, esta apertura supuso un cambio en sus hábitos: “Pasabas de ir a comprar a tu tienda de toda la vida, a un sitio más grande con mayor variedad de productos y en el que podías encontrarte al resto del barrio”.
Pero este no era el único servicio con el que contaba el barrio, así también contaba con equipamientos educativos relevantes, tales como el colegio Peñalba y el Instituto IES Álvaro de Mendaña, inaugurados en 1974 y 1975, respectivamente.
Una oferta que se fue ampliando con edificios oficiales destacados y únicos en Ponferrada, entre los que se encuentran la Biblioteca Municipal (inaugurada en el año 1997), la comisaría Nacional de Policía (inaugurada en 2004), los Juzgados de Ponferrada (inaugurados en 2015) y la actual sede de la Escuela de Idiomas (inaugurada en 2008). Estos elementos reflejan cómo un área originariamente dedicada a labores agrícolas evolucionó hacia un entorno urbano multifuncional.
Entre el avance y los retos pendientes
En la actualidad, pese a los avances, el barrio sigue mostrando contrastes. Junto a calles renovadas, persisten solares sin acondicionar y espacios degradados que evidencian una intervención desigual. Los propios vecinos y asociaciones continúan reclamando una actuación más homogénea y sostenida en el tiempo.
“Este barrio está muerto, antes había muchas familias con niños, un comercio más vivo. Ahora, de todo eso, no queda nada”.
Huertas del Sacramento es hoy un barrio en transición: ha dejado atrás su pasado agrícola, ha superado una fase de crecimiento acelerado con carencias y se encuentra inmerso en un proceso de regeneración urbana. Una evolución que no ha sido lineal, pero sí constante.
Un reflejo de la ciudad
La historia de este barrio es, en el fondo, la historia de Ponferrada en las últimas décadas: crecimiento, desequilibrios y búsqueda de un modelo urbano más habitable.
Entre la memoria de las huertas y las obras recientes, Huertas del Sacramento sigue construyendo su identidad. Un barrio que mira al futuro sin perder del todo el eco de su pasado agrícola, y cuya transformación aún no ha concluido.
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