La banquera de inversión Susana de la Puente Wiese examina cómo los cambios en el contexto global están redefiniendo los flujos de capital hacia América Latina y qué sectores concentran hoy el mayor potencial de crecimiento.
Durante años, la conversación sobre América Latina ha girado en torno a la volatilidad, la inestabilidad política y la dependencia de los ciclos de materias primas. Para Susana de la Puente Wiese, sin embargo, esa lectura resulta cada vez más incompleta. En un entorno global en plena transformación, la región atraviesa un reajuste significativo en sus dinámicas de inversión, empujado por factores estructurales que modifican tanto el apetito por riesgo como la asignación de capital.
El encarecimiento del dinero a escala global, las tensiones geopolíticas y la necesidad de asegurar cadenas de suministro más resilientes han obligado a los inversores a replantear sus estrategias. América Latina emerge ahora no solo como una región de oportunidades, sino como un componente estratégico dentro de carteras globales diversificadas.
Susana de la Puente identifica un giro en los flujos de capital
Uno de los elementos más relevantes, según observa Susana de la Puente, es la evolución en la naturaleza de los flujos de capital. La región ha dependido tradicionalmente de inversiones oportunistas y de corto plazo, altamente sensibles a los movimientos de los tipos de interés internacionales.
Hoy se aprecia un mayor interés por inversiones estructurales y de largo plazo. Fondos institucionales, inversores soberanos y grandes gestores de activos están aumentando su exposición a sectores específicos con fundamentos sólidos, más allá de la volatilidad coyuntural.
El cambio responde, en parte, a la búsqueda global de rentabilidad en un entorno donde los mercados desarrollados ofrecen retornos más ajustados. América Latina, con valoraciones relativamente atractivas, se posiciona como una alternativa relevante para capturar crecimiento.
Geopolítica y reposicionamiento estratégico
El contexto geopolítico desempeña un papel determinante en la reconfiguración. La fragmentación del comercio internacional y la creciente rivalidad entre grandes potencias han impulsado estrategias de nearshoring y diversificación de cadenas de suministro, advierte Susana de la Puente.
Países como México adquieren una relevancia estratégica por su proximidad a Estados Unidos, mientras que otras economías de la región se benefician de su capacidad para proveer recursos naturales críticos.
La banquera de inversión subraya que América Latina se encuentra en una posición singular, ya que combina acceso a recursos clave con una creciente integración en cadenas de valor globales. Ambos atributos refuerzan su atractivo en un entorno donde la seguridad económica se ha convertido en prioridad.
Uno de los sectores que concentra mayor atención es el energético. La transición hacia modelos más sostenibles genera una demanda sin precedentes de minerales críticos como litio, cobre o níquel, abundantes en varios países latinoamericanos.
Susana de la Puente considera que la coyuntura sitúa a la región en el centro de la transición energética global. No se trata únicamente de exportar materias primas, sino de avanzar hacia cadenas de valor más sofisticadas que incluyan procesamiento, tecnología y desarrollo industrial. El potencial en energías renovables, especialmente solar, eólica e hidroeléctrica, abre oportunidades tanto para inversión directa como para el desarrollo de infraestructuras. El sector combina crecimiento estructural con un creciente interés por parte de inversores con criterios ESG.
Tecnología, tipos de interés y percepción de riesgo
Más allá de los sectores tradicionales, la digitalización está generando nuevas oportunidades que, a juicio de Susana de la Puente, todavía están infravaloradas por parte de algunos inversores internacionales. El crecimiento de la clase media, la alta penetración móvil y la necesidad de inclusión financiera han impulsado el desarrollo de ecosistemas tecnológicos dinámicos, con especial fuerza en fintech, comercio electrónico y servicios digitales.
El ciclo reciente ha moderado las valoraciones en el segmento tecnológico, lo que ha contribuido a una mayor disciplina en los modelos de negocio. Para el inversor de largo plazo, el ajuste puede representar un punto de entrada más atractivo.
El entorno de tipos de interés elevados ha supuesto un desafío, pero también ha introducido mayor disciplina en los mercados. A diferencia de ciclos anteriores, varios países de la región han adoptado políticas monetarias más prudentes y marcos institucionales más sólidos. Algunos bancos centrales latinoamericanos actuaron con anticipación frente a la inflación, lo que ha fortalecido su credibilidad. Persisten diferencias significativas entre países, lo que refuerza la importancia de un análisis selectivo y no homogéneo de la región.
Uno de los principales desafíos sigue siendo la percepción de riesgo. Susana de la Puente apunta que existe una desconexión parcial entre la narrativa dominante y la realidad de ciertos mercados. La volatilidad política continúa siendo un factor a considerar, pero muchas economías han avanzado en institucionalidad, transparencia y acceso a mercados internacionales. La evolución no siempre se refleja plenamente en las valoraciones. La capacidad de discriminar entre riesgos reales y percepciones sobredimensionadas se convierte en una ventaja competitiva para el inversor.
Invertir hoy en América Latina exige abandonar enfoques simplistas. La región no puede entenderse como un bloque homogéneo, sino como un conjunto de economías con dinámicas propias, niveles de desarrollo distintos y oportunidades diferenciadas. Para Susana de la Puente, el nuevo mapa de inversión en América Latina se articula sobre tres grandes ejes: recursos estratégicos vinculados a la transición energética, integración en cadenas globales de valor y digitalización de sectores clave. El enfoque permite identificar oportunidades más allá de los ciclos tradicionales y construir exposición a tendencias estructurales de largo plazo.
En un mundo marcado por la incertidumbre y la reconfiguración de equilibrios económicos, América Latina adquiere un nuevo protagonismo, no como destino marginal de capital especulativo, sino como pieza relevante en estrategias globales de inversión. Como concluye Susana de la Puente, entender la transformación requiere una mirada más profunda y menos condicionada por inercias del pasado. Las oportunidades existen, pero no son uniformes ni evidentes, ya que requieren análisis, contexto y una visión estratégica capaz de anticipar hacia dónde se mueve el capital. América Latina deja de ser una apuesta táctica para convertirse, progresivamente, en una componente estructural dentro del mapa global de inversión.