La búsqueda de un servicio de teleasistencia suele ser una de las decisiones familiares más importantes. En ocasiones se toma después de un pequeño susto, como una caída sin consecuencias graves, también puede llegar tras varias llamadas sin respuesta, o a través de esa sensación constante de que algo podría pasar cuando nadie está cerca. En cualquier caso, es un problema frecuente y creciente. Según el Instituto Nacional de Estadística, aumenta esa preocupación entre las familias, especialmente en un país donde la población mayor de 65 años ya supera los 9,8 millones de personas.
La teleasistencia se ha visto de forma general como un recurso que se mantenía reservado para personas con gran dependencia. Afortunadamente, esta percepción ha cambiado, incluyendo a mayores completamente autónomos que simplemente quieren seguir viviendo en casa con más seguridad.
En ese escenario, propuestas como Sicor Teleasistencia han ayudado a normalizar un servicio que hoy se entiende más como apoyo cotidiano que como una medida extrema. La idea es ofrecer independencia a las personas mayores, más que realizar una vigilancia, mediante una red de ayuda siempre activa y preparada para actuar si ocurre algo.
Aunque es comprensible y lógico mirar cuánto cuesta, lo realmente importante está en factores como la rapidez de respuesta y la calidad humana del servicio, porque una cosa es tener un botón de aviso y otra muy distinta es saber que, al pulsarlo, responde alguien que entiende la situación, mantiene la calma y ofrece, de forma coordinada, la ayuda necesaria.
Por otro lado, si el dispositivo resulta complicado o genera inseguridad, terminará olvidado en un cajón, motivo por el cual los sistemas más simples son los que siguen funcionando bien. Un botón claro, una comunicación fácil y dispositivos cómodos son los que ofrecen mejores resultados.
La tecnología ha avanzado bastante en este sector con la creación de dispositivos con geolocalización para personas que salen a pasear solas, sensores que detectan caídas e incluso sistemas capaces de avisar cuando detectan movimientos poco habituales dentro de la vivienda. Son herramientas que aportan tranquilidad, sobre todo en familias donde los hijos viven lejos o no pueden acudir rápidamente ante cualquier problema.
Así mismo, hay que darle la importancia que merece al acompañamiento emocional. La soledad pesa mucho más de lo que parece cuando una persona envejece. Ya sea estando completamente sola o simplemente pasando demasiadas horas sin conversación, sin visitas o sin sentir que alguien está pendiente. Las llamadas periódicas y el contacto humano siguen siendo una de las partes más valiosas de la teleasistencia moderna.
De hecho, según diferentes estudios impulsados por organismos públicos vinculados al envejecimiento activo y la atención domiciliaria, las personas mayores valoran especialmente la sensación de seguridad que genera saber que pueden pedir ayuda en cualquier momento.
Otro aspecto importante está en revisar bien qué incluye el servicio. Las compañías pueden ofrecer desde únicamente atención básica ante emergencias hasta un seguimiento personalizado, avisos a familiares o apoyo psicológico. Leer las condiciones con atención evitará malentendidos y ayudará a elegir una opción realmente útil para cada situación familiar.
Contratar teleasistencia evita la sensación de pérdida de independencia, permitiendo que la persona mayor siga viviendo en su casa, manteniendo sus rutinas y su autonomía, pero con la seguridad de que no está sola si ocurre algo inesperado.
