El bolo berciano volvió a ocupar un lugar destacado dentro del programa de las Fiestas de La Encina 2026, recuperando en Ponferrada uno de los juegos tradicionales más vinculados a la historia y a la vida cotidiana de los pueblos de la comarca.
La cita reunió a decenas aficionados y curiosos en torno a una tradición que durante décadas formó parte de la vida social de numerosos pueblos bercianos y que, en los últimos años, trata de recuperar su espacio entre las nuevas generaciones.

Una de las particularidades del bolo berciano es precisamente su variedad de modalidades. No existe una única forma de jugar, sino que las reglas y la disposición de los bolos pueden cambiar dependiendo de la zona. Durante la jornada se pudieron conocer algunas de estas variantes, como el juego a cuadro, a fila o modalidades propias de localidades concretas.
En el caso de la modalidad de la cuadra, los cuatro bolos se colocan formando una especie de rombo y el objetivo consiste en lanzar la bola intentando arrastrarlos lo más lejos posible. Para que la jugada sea válida, la bola debe superar una línea determinada. Los bolos que sobrepasan las diferentes rayas van sumando puntos de diez en diez, mientras que aquellos que son derribados, pero no alcanzan una raya suman un punto.
Habitualmente, cada participante dispone de dos tiradas, aunque pueden realizarse lanzamientos adicionales en caso de empate.

Un juego diferente en cada zona
La riqueza del bolo berciano está también en las diferencias entre localidades. Como explicaron durante el encuentro, cada pueblo cuenta con sus propias formas de jugar. En algunos lugares los bolos se colocan separados, mientras que en otros se disponen formando una fila.
Entre las modalidades mencionadas durante la jornada se encuentran las vinculadas a Oencia o Quiroga, además de otras formas de juego presentes en distintos puntos de la comarca. Esta diversidad convierte al bolo berciano en mucho más que un simple juego: es parte del patrimonio cultural y de la identidad de los pueblos del Bierzo.
La actividad permitió además acercar esta tradición a personas que nunca habían jugado. Una de las participantes reconocía que era su primera vez, aunque había aprendido algunos consejos gracias a la experiencia de su padre, que había jugado desde pequeño en su pueblo.
“Le ha tocado tener tres hijas”, explicaba entre risas al recordar que tradicionalmente el juego estaba mucho más vinculado a los hombres. Durante años, los niños y jóvenes de los pueblos se reunían para jugar al bolo, especialmente en una época en la que había muchas menos alternativas de ocio.

El reto de que no se pierda
Precisamente, la falta de relevo generacional continúa siendo uno de los principales problemas a los que se enfrenta esta tradición. Uno de los participantes con mayor experiencia lamentaba durante el encuentro que “la juventud no quiere” y apuntaba a los teléfonos móviles y a las nuevas formas de entretenimiento como uno de los factores que han desplazado a los juegos tradicionales.
Sin embargo, quienes mantienen viva esta práctica ven con optimismo iniciativas como la celebración del bolo berciano durante las Fiestas de La Encina. Según explicaron, llevan dos o tres años participando en estas actividades y cada edición se acerca más gente.

“Cada año viene más gente”, señalaba uno de los participantes, que acumula alrededor de seis décadas jugando al bolo berciano y que se ha convertido en "el profesor" del bolo berciano.
La celebración en el marco de las fiestas ponferradinas sirve así para sacar el juego de los antiguos espacios de los pueblos y llevarlo hasta un público más amplio, especialmente entre quienes nunca han tenido contacto con esta tradición.
El objetivo es que la bola vuelva a rodar, los bolos sigan cayendo y, sobre todo, que una parte del patrimonio popular berciano no termine desapareciendo.

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