Matarrosa del Sil, en el municipio de Toreno, celebró este sábado una de sus citas más singulares: la Misa de los Vivos. Una celebración poco habitual que tiene como protagonistas a las personas que siguen disfrutando de la vida y que, desde hace cinco años, reúne a vecinos y amigos de esta localidad berciana.
La iniciativa surgió de manera espontánea, sin grandes pretensiones y con una idea tan sencilla como particular: dedicar una misa a los vivos. "Por los vivos que estamos aquí", explican sus impulsores cuando se les pregunta por el origen de esta celebración.
Aunque inicialmente pueda parecer una cita vinculada a una fecha concreta, la misa no tiene un día fijo en el calendario. Su celebración depende de la disponibilidad de los participantes, especialmente de aquellos que viven fuera de Matarrosa y regresan al pueblo cuando tienen ocasión. Por eso, aunque se ha celebrado este 7 de noviembre, la fecha se adapta para facilitar que puedan reunirse todos.
La celebración tiene también un importante componente de convivencia. Después de la misa, los participantes se reúnen alrededor de una comida para compartir un rato juntos. Este año, la convocatoria cuenta con unos 22 amigos, aunque no todos acuden a la iglesia. "La mitad no vienen a misa, vienen a la comida", comentan entre risas algunos de los organizadores, que incluso bromean con la posibilidad de prohibirles acudir al encuentro gastronómico si no pasan antes por la celebración religiosa.
La asistencia a la misa suele rondar las 50 o 60 personas, según explican los vecinos, que mantienen esta costumbre año tras año en una localidad donde muchos se conocen desde hace décadas.
Una celebración poco habitual en España
Sus promotores reconocen que no tienen constancia de que exista una celebración similar en otros puntos del país. La idea surgió de forma improvisada y ha ido manteniéndose con el paso de los años gracias a la implicación de los vecinos.
Así, Matarrosa del Sil conserva una cita que combina tradición religiosa, amistad y reencuentros. Una manera diferente de reunirse, compartir mesa y celebrar la vida de quienes todavía están aquí.
Una misa que, más allá de su singularidad, deja un mensaje sencillo: también merece la pena juntarse para celebrar a los vivos.
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