Cubillos del Sil se prepara para un evento histórico: la demolición mediante voladura controlada de las emblemáticas chimeneas y el edificio de tolvas de la central térmica Compostilla II. Una operación que está programada para este jueves, 12 de febrero, a las 13:00 horas.

Este derribo forma parte del proceso final del desmantelamiento total que ha avanzado considerablemente en los últimos años. La central térmica, inaugurada en 1972 y ampliada hasta 1985, cesó su actividad en junio de 2020 debido a razones económicas y normativas medioambientales europeas. En su momento, contaba con una capacidad instalada superior a mil megavatios y ocupaba alrededor de 375 hectáreas.
La empresa adjudicataria Recifemetal ejecuta estas labores con una inversión que supera los 60 millones de euros dentro del presupuesto global destinado por Endesa para restaurar este espacio industrial. Más allá del aspecto técnico, esta demolición simboliza el cierre definitivo a una etapa relevante para El Bierzo ligada al sector energético e industrial.

Una demolición que genera "gran tristeza" en el municipio donde se ubica, Cubillos del Sil. Es por ello que, desde InfoBierzo nos hemos ido hasta Cubillos del Sil para conocer la opinión de sus vecinos. "Yo creo que la central térmica es un amuleto de este pueblo y todo el mundo que conoce Cubillos, conoce las torres. Es más, Cubillos se ha hecho conocer por las torres y por la central, creo que es algo histórico", "algo histórico no se debería derrumbar". Además, aseguran que les hubiese gustado que se hubiera tenido en cuenta la opinión del municipio: "Creo que se debería haber tomado más en cuenta la opinión de los que viven aquí con alguna encuesta".
Recordemos que, en el año 2023 desaparecieron ya las torres de refrigeración, parte inseparable de la silueta que miles de bercianos guardan en la retina. Ahora llega el turno de los gigantes que durante medio siglo ejercieron de faro industrial: 290 y 270 metros de altura, correspondientes a los grupos IV y V. Dos lanzas de hormigón que, para muchos, eran el verdadero mástil de esa bandera invisible que fue la minería.


Un perfil que marcaba el regreso a casa
Para varias generaciones, las chimeneas eran el aviso de que el viaje terminaba. Bastaba coronar el Manzanal para buscarlas con la mirada y respirar el alivio del retorno. No había GPS más emocional que ese: verlas era volver al Bierzo.
Su presencia no solo definía el paisaje; definía una forma de vida. Turnos de trabajo, economías familiares, barrios enteros que crecieron al calor de la térmica. En 2007 la planta empleaba a 238 trabajadores directos, sin contar el empleo inducido que alimentaba talleres, transportistas, hostelería y comercio. Era músculo industrial, pero también rutina cotidiana.


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