En 1925, el emprendedor berciano Antonio Díaz Guerra lanzó al mercado una bebida que pretendía competir con la icónica Coca-Cola: la Cola York. Este refresco, desarrollado en El Bierzo por el sobrino del fundador de Bodegas Guerra, logró un notable éxito durante las primeras décadas del siglo XX, consolidándose como una alternativa local a la famosa bebida estadounidense. Una bebida que, en 2025, cumplió nada más y nada menos que 100 años de historia tras su lanzamiento en el año 1925.

Antonio Guerra no solo destacó por su capacidad empresarial, sino también por ser un innovador en la promoción y comercialización de los vinos bercianos desde finales del siglo XIX. Fundador de la Casa Guerra en 1879, su legado incluye productos variados como vinos, vermú, ponche y anís, entre los que sobresale precisamente esta creación gaseosa que buscaba emular el sabor y popularidad de Coca-Cola.
El auge de Cola York no pasó desapercibido para la multinacional norteamericana. Coca-Cola emprendió acciones legales contra Bodegas Guerra alegando que el envase del refresco era demasiado parecido al suyo. Sin embargo, la bodega berciana defendió con éxito su producto, demostrando que su fórmula no contenía cola verdadera. La victoria judicial obligó únicamente a modificar el nombre original a Coli-York, pero no frenó su producción ni distribución durante varias décadas.


Díaz Guerra, pionero en el marketing
Díaz Guerra fue mucho más que un empresario del sector vitivinícola. En una España marcada por la tradición y la escasez de innovación comercial, su figura destacó por una visión inusual y adelantada a su tiempo.
Tras un viaje a Nueva York, donde entró en contacto con las técnicas publicitarias más avanzadas del momento, regresó al Bierzo decidido a transformar la manera en que se promocionaban los productos en su tierra. Aquella experiencia en Estados Unidos le permitió descubrir estrategias de marketing prácticamente desconocidas en la España de entonces.
La prueba más visible de esa mentalidad innovadora llegó en 1940, cuando impulsó la instalación de un gran anuncio de Bodegas Guerra en la emblemática Puerta del Sol de Madrid. En una época en la que la publicidad moderna era todavía una rareza en el país, aquella acción supuso un hito y convirtió a la marca en un referente de modernidad.
Pero su visión no se limitó al terreno comercial. También desafió las convenciones sociales de su tiempo. Díaz Guerra ideó licores dulces en envases pequeños, pensados específicamente para que las mujeres pudieran consumir una bebida en público sin transgredir las rígidas normas sociales de la época. Con ese gesto, no solo amplió el mercado, sino que abrió una grieta simbólica en las costumbres establecidas.

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