
Entrar en el Pub Morticia no es simplemente entrar en un bar de copas. Es hacerlo en una especie de museo del terror donde cada rincón tiene identidad propia, donde hasta los baños forman parte de la ambientación y donde un Alien de casi tres metros recibe a los clientes suspendido sobre sus cabezas. Todo ello construido durante más de tres décadas por Óscar Tahoces, modelista reconocido y experimentado, y Ana, las dos almas que han convertido este local de Ponferrada en uno de los más singulares del Bierzo.
Con 32 años de historia recién cumplidos a sus espaldas, el Morticia se ha consolidado como parada obligatoria tanto para bercianos como para turistas y músicos que pasan por la ciudad. Su estética inspirada en el cine de terror y la ciencia ficción lo ha transformado en un lugar único donde conviven personajes como Eduardo Manostijeras, Predator, Alien, Freddy Krueger, Beetlejuice, Nosferatu, Frankenstein, Pennywise, La Novia Cadáver, Jack Skellington o Leatherface.
“Si no tienes personalidad en un negocio, al final es solo una barra y cuatro paredes”, resume Óscar Tahoces mientras recorre el local señalando esculturas, bustos y detalles repartidos prácticamente por cualquier espacio libre. Porque en el Morticia no hay un rincón vacío. Cada pared, cada techo e incluso las perchas forman parte de una ambientación que mezcla artesanía, pasión cinéfila y muchas horas de trabajo.
Tahoces lleva toda una vida ligado al modelismo. De hecho, reconoce que esa faceta es casi “su segundo trabajo”. La historia del Morticia comenzó cuando ambos decidieron hacerse cargo del antiguo local en la zona del Temple y darle una personalidad completamente distinta. Apostaron por el terror pese al riesgo que suponía en una ciudad pequeña como Ponferrada.
“Sabíamos que podía generar rechazo porque no a todo el mundo le gusta el terror, pero tuvimos la suerte de que encajó muy bien”, explica. El tiempo les dio la razón. Hoy, tres décadas después y tras sobrevivir incluso a la pandemia, el Morticia sigue siendo un referente de la noche berciana.
Figuras de casi tres metros y obras hechas durante un año
Muchas de las piezas que decoran el local están realizadas completamente a mano. Las primeras surgieron con técnicas tradicionales, modeladas con pasta y esculpidas artesanalmente. Ana se encargaba de la costura y la confección de la ropa, mientras Óscar daba forma y pintura a los personajes.
Con el paso del tiempo, la impresión 3D se convirtió también en una herramienta clave para el proceso creativo, aunque Tahoces insiste en que lo que más disfruta sigue siendo la pintura y el acabado final de cada figura.
Algunas de las obras requieren meses de trabajo. El enorme Alien que domina parte del local es uno de los ejemplos más espectaculares. La figura mide exactamente 2,92 metros, está compuesta por cerca de 50 piezas y necesitó prácticamente un año entre diseño, modificaciones, montaje y pintura.
“El diseño que me mandaron no encajaba como quería y tuve que rehacer gran parte de la estructura a mano”, recuerda. Colocarlo en el techo tampoco fue sencillo: hicieron falta varios amigos, andamios y numerosas horas de trabajo para instalar una pieza que, aunque hueca, ronda los 35 kilos.
El resultado es uno de los iconos visuales del local. Además, decidieron alejarse de la clásica estética metálica y oscura de la saga Alien para apostar por tonos sepias inspirados en la tercera película de la franquicia. Incluso añadieron iluminación azul para recrear la atmósfera cinematográfica de las escenas en conductos de ventilación.
Un Predator "bestial" y el recuerdo de Tim Burton
La última gran incorporación ha sido precisamente un Predator colocado hace apenas unos días. Tahoces reconoce que técnicamente es una de las piezas más complejas que ha pintado nunca debido a la enorme variedad de tonos, transparencias y filtros necesarios para conseguir el acabado final.
Pero en el Morticia cada figura tiene también su historia sentimental. Freddy Krueger sigue conservándose desde el primer local que tuvieron en el Temple y Eduardo Manostijeras ocupa un lugar especial en el corazón de sus dueños. De hecho, durante la pandemia decidieron construir la versión completa del personaje tras haber tenido durante años únicamente el busto.
El local guarda incluso un autógrafo de Tim Burton, uno de los grandes referentes estéticos del Morticia -aunque nunca visitó Ponferrada ni el local-. “Qué afortunado se sentiría aquí… o igual hasta nos denunciaba”, bromean entre risas los propietarios mientras muestran parte de la decoración.
“Aquí hasta los baños tienen personalidad”
El Morticia funciona casi como una exposición permanente en evolución constante. Tanto es así que sus propietarios ya estudian nuevas incorporaciones pese a que el espacio comienza a quedarse pequeño.
“Ahora ya vemos huecos donde no los hay”, comentan. Entre los próximos proyectos aparecen un busto de Drácula inspirado en Christopher Lee y varios cenobitas de Hellraiser, personajes que se sumarán a una colección que ya supera la treintena de esculturas.
La falta de espacio ha obligado incluso a comenzar a utilizar el techo como soporte para nuevas figuras. “Aquí hasta los baños tienen personalidad”, aseguran orgullosos mientras recorren un local que muchos clientes visitan casi como si fuera un museo.
Y quizá ahí reside precisamente el secreto del Morticia. Más allá de la música rock o de las copas, el local se ha convertido en una experiencia inmersiva. Un lugar donde salir de fiesta significa hacerlo dentro de un auténtico pasaje del terror construido artesanalmente pieza a pieza durante más de 30 años.
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